domingo 30 de diciembre de 2007

...Aunque esto no es totalmente cierto: Russell afirma, con razón, que Sócrates torcía toda discusion hacia un fin "virtuoso" tal y como hacía él mismo con 2+2=5.

Pero muchos otros CREÍAN que todo esto era cierto e innegable...Y razonaban según estos criterios absurdos pensando que hablaban de la verdad.

Había un razonamiento de Hiparquía sobre Teodoro el ateo (Según nos cuenta Diógenes Laercio, y burlándose de esto mismo) que decía: "Lo que es legal para Teodoro es legal para Hiparquía. Es legal que Teodoro se golpee a si mismo, luego es legal que Hiparquía golpee a Teodoro".

Después de esto se montó un pollo de cuidado y empezaron a repartir hostias.




sábado 29 de diciembre de 2007

Asterión XXI

Revista cultural

VIAJE AL CORAZÓN DEL CUENTO

Antología crítica del cuento breve
Por Héctor Álvarez Castillo.

MARCEL SCHWOB

Francia (1867-1905)

"El viejo Hokusai veía bien que había que llegar a

convertir en individual lo que hay de general."


El arte de la biografía, Marcel Schwob


Al leer a Schwob nos convencemos de que a él le interesa el hombre y no la humanidad. Está atento a los rasgos de originalidad que cada uno de nosotros puede tener, lo que nos desprende de la generalidad y nos transforma en individuos. Ama y presta su ojo al hombre, a lo que lo diferencia del resto, y con la intuición del artista logra crear el personaje que, al fin, nos atrapa merced a notas y matices que le dan distinción. Eso lo llevó a escribir que cada hombre no posee más que sus rarezas. Una pincelada puede dar vida a toda una figura que, sin ese toque de color, permanecería gris.

Schwob es un autor que, sin ser de los llamados de culto, no recibe la atención que merece. Su prosa posee diversas virtudes. Claridad y erudición son características difíciles de hallar reunidas y él las posee en un estilo conciso y cautivante. Autor de narraciones que lindan con el ensayo biográfico brindó a la literatura un objeto de tratamiento inusual. Y en esto, fue creador y maestro. Considero que el Borges que conocemos no hubiera sido posible sin su obra. La lectura de Vidas imaginarias y de La cruzada de los niños -libros prologados por él- son una influencia profunda en su obra. Historia Universal de la Infamia es la mejor muestra de lo que decimos.

El amor que sentía por François Villon lo llevó a investigar durante diez años y escribir el ensayo más extenso que compone Spicilège (1896). Conocemos las andanzas del poeta que en el siglo XV fue salteador de caminos y miembro de la famosa y a la vez temida banda de los coquillards. Schwob nos introduce en la sociedad francesa, en esa amalgama de Edad Media y Renacimiento, donde transcurren los días y las tribulaciones del autor de La balada de los ahorcados. En esa sociedad se cruzan roles y destinos, y las ventajas del juego de las influencias determina la suerte de los ciudadanos. La justicia nos muestra la mezcla de venganza, crueldad y voluntad de humillar que años después señalara Foucault. Están vivos en ese texto, además de los coquillards, los goliardos, las intrigas de los prelados y sus diversiones, las mujeres de la vida y los estudiantes que bailaban por las noches "al son de flautas y tambores". Nos enteramos de que en ese entonces recorrer los caminos de Francia era algo más peligroso y menos romántico que andar por los bosques de Sherwood. Clouard en su Historia de la Literatura Francesa dice de Villon que: "No fue un cínico sino un sensual y un débil." Stevenson escribe Una aventura de Villon, pero, más allá de los manuales y las ficciones de otros autores, el estudio de Schwob debe ser el que mejor nos acerca a la obra y al hombre, como él dijo:
Lo complicado de una existencia como ésta, la dificultad que representa adoptar actitudes adecuadas a medios tan distintos, el placer que le producía esta farsa permanente, nos dejan entrever que Villon no era un hombre de alma ingenua. Poseía la capacidad de la expresión literaria en su punto más alto. Era un gran poeta. En un siglo en el que los únicos valores reconocidos eran la fuerza, el poder y el coraje, él fue pequeño, débil, cobarde, y hábil en el arte de la mentira. Si su sutileza provenía de su perversidad, entonces de su perversidad provienen los más hermosos de sus versos."

Nos vamos a detener en Vies Imaginaires (1886), una de las principales colecciones de relatos breves de las letras francesas. Ahí Schwob transfigura con la palabra la materia en la que se deleita. Diógenes, que no fue el primero de los filósofos cínicos, pero si aquél que más recordamos, dejó en una lacónica frase su disposición hacia el exterior: "Me esfuerzo en hacer en la vida lo contrario de todo el mundo", y tuvo en Crates un discípulo dilecto. Cuando Alejandro Magno le preguntó al maestro qué podía hacer por él, éste le respondió que se apartase porque su figura le ocultaba el sol. El alumno no fue menos cuando el desbastador de Tebas lo interrogó para saber si él deseaba que reconstruyera su ciudad: "¿Para qué?, siempre existirá otro Alejandro que la destruya".

CRATES

Cínico

de Marcel Schwob


Nació en Tebas, fue discípulo de Diógenes y además conoció a Alejandro. Su padre, Ascondas, era rico y le dejó doscientos talentos. Un día en que fue a ver una tragedia de Eurípides se sintió inspirado ante la aparición de Telefo, rey de Misia, vestido de harapos y con una cesta en la mano.

Se levantó en medio del teatro y en voz alta anunció que distribuiría los doscientos talentos de su herencia a quien los quisiera, y que en adelante le bastarían las ropas de Telefo. Los tebanos se echaron a reír y se agolparon frente a su casa. Sin embargo Crates se reía más que ellos. Arrojó su dinero y sus muebles por las ventanas, tomó un manto de tela, unas alforjas y se fue. Llegó a Atenas y anduvo al azar por las calles, y a ratos descansaba apoyado en las murallas, entre los excrementos. Practicó todo lo que aconsejaba Diógenes. El tonel le pareció superfluo. Crates opinaba que el hombre no es un caracol ni un paguro. Se quedó completamente desnudo entre las basuras y recogía cortezas de pan, aceitunas podridas y espinas de pescado para llenar sus alforjas. Decía que sus alforjas eran una ciudad vasta y opulenta donde no había parásitos ni cortesanas, y que producía en cantidades suficientes, tomillo, ajo, higos y pan, que satisfacían a su rey. Así Crates llevaba su patria a cuestas, que lo alimentaba.

No se inmiscuía en los asuntos públicos, ni siquiera para burlarse, y tampoco le daba por insultar a los reyes.

Desaprobó la broma de Diógenes. Diógenes un día había gritado: "¡Hombres, acercaos!", y los que se habían acercado los golpeó con su bastón y les dijo: "Llamé a hombres, no a excrementos". Crates se mostró tierno con la gente. Nada lo preocupaba. Se había acostumbrado a las llagas. Lo único que lamentaba era no tener un cuerpo lo suficientemente flexible como para podérselas lamer, como hacen los perros. Deploraba también la necesidad de ingerir alimentos sólidos y beber agua. Pensaba que el hombre debía bastarse a sí mismo, sin ninguna ayuda exterior. Al menos no iba en busca de agua para lavarse. Si la mugre le incomodaba, se contentaba con frotarse contra las murallas pues había observado que no de otro modo proceden los asnos. Poco hablaba de los dioses: no le importaban. Qué más le daba que hubiera o que no hubiera dioses si sabía que no podían hacerle nada. En todo caso, les reprochaba que hubieran hecho deliberadamente desdichado al hombre al ponerle la cara en dirección al cielo y privarlo de la facultad que poseen la mayor parte de los animales, que andan a cuatro patas. Ya que los dioses han decidido que para vivir hay que comer, pensaba Crates, tenían que poner la cara del hombre mirando al suelo, que es donde crecen las raíces: nadie podía subsistir de aire o de estrellas.

La vida no fue generosa con él. A fuerza de exponer sus ojos al polvo acre del Ática, contrajo legañas. Una enfermedad desconocida de la piel lo cubrió de tumores. Se rascó con sus uñas, que no cortaba nunca, y observó que sacaba un doble provecho, puesto que al mismo tiempo que las usaba sentía alivio. Sus largos cabellos llegaron a parecerse a un fieltro tupido, y se las arreglo de modo que lo protegieran de la lluvia y el sol.

Cuando Alejandro fue a verlo, no le dirigió palabras mordaces sino que lo consideró uno más entre los espectadores, sin hacer ninguna diferencia entre el rey y la muchedumbre. Crates carecía de opinión sobre los poderosos. Le importaban tan poco como los dioses. Sólo los hombres lo preocupaban, y la forma de pasar la vida con la mayor sencillez posible. Las censuras de Diógenes le causaban risa, lo mismo que sus pretensiones de reformar las costumbres.

Crates se consideraba muy por encima de tan vulgares preocupaciones. Transformaba la máxima inscrita en el frontón del templo de Délfos, y decía:

"Vive tu mismo". La idea de cualquier conocimiento le parecía absurda. Sólo estudiaba las relaciones de su cuerpo con lo que éste necesitaba, tratando de reducirlas al máximo. Diógenes mordía como los perros, pero Crates vivía como los perros.

Tuvo un discípulo llamado Metrocles. Era un rico joven de Maronea. Su hermana Hiparquia, bella y joven se enamoró de Crates. Hay testimonios de que se sintió atraída por él y de que fue a buscarlo. Parece imposible, pero es cierto. No le repugnaba ni la suciedad del cínico, ni su absoluta pobreza, ni el horror de su vida pública. Crates le previno que vivía como los perros, por las calles, y que buscaba huesos en los montones de basura. Le advirtió que nada de su vida en común sería ocultado y que la poseería públicamente cuando tuviera ganas, como lo hacen los perros con las perras. A Hiparquia no le extrañó. Sus padres trataron de retenerla: ella amenazó con matarse. Entonces abandonó el pueblo de Maronea, desnuda, con los cabellos sueltos, cubierta sólo con un antiguo lienzo, y vivió con Crates, vestida como él. Se dice que tuvieron un hijo, Pasicles; pero no hay nada seguro al respecto.

Parece que esta Hiparquia fue buena y compasiva con los pobres. Acariciaba a los enfermos; lamía sin la menor repugnancia las heridas sangrantes de los que sufrían, covencida de que eran para ella lo que las ovejas son para las ovejas. Si hacía frío, Crates e Hiparquia se acurrucaban con los pobres y trataban de trasmitirles el calor de sus cuerpos. No sentían ninguna preferencia por los que se acercaban a ellos. Les bastaba con que fueran hombres.

Eso es todo lo que nos ha llegado de la mujer de Crates; no sabemos cuándo ni cómo murió. Su hermano Metrocles admiraba a Crates, y lo imitó. Pero no vivía tranquilo. Continuas flatulencias, que no podía retener, perturbaban su salud. Se desesperó y decidió morir. Crates se enteró de su desgracia y quiso consolarlo. Comió una buena porción de altramuces y se fue a ver a Metrocles. Le preguntó si era la vergüenza de su enfermedad lo que tanto lo afligía. Metrocles confesó que no podía soportar su desgracia. Entonces Crates, hinchado por los altramuces, soltó unos cuantos gases en presencia de su discípulo y le afirmó que la naturaleza sometía a todos los hombres al mismo mal. Luego le reprochó que hubiese sentido vergüenza de los demás y le propuso su propio ejemplo. Soltó después unos cuantos gases más, tomó a Metrocles de la mano y se lo llevó.

Ambos anduvieron mucho tiempo juntos por las calles de Atenas, sin duda con Hiparquia. Hablaban muy poco entre ellos. No tenían vergüenza de nada. Aún cuando revolvían en los mismos montones de basuras, los perros parecían respetarlos. Cabe pensar que si los hubiera acuciado el hambre, se habrían acometido unos a otros a dentelladas. Pero los biógrafos no refieren nada por el estilo. Sabemos que Crates murió viejo, que terminó por quedarse en un mismo sitio, recostado bajo el cobertizo de un almacén del Pireo donde los marineros guardaban fardos, que dejó de vagar en busca de algo que roer, que ya ni siquiera quiso extender el brazo y que un día lo encontraron consumido por el hambre.
http://www.asterionxxi.com.ar/numero3/schwob.htm





viernes 28 de diciembre de 2007




Pilar Dasi Crespo
Valencia, 1996


IDEALIZACION DE LOS MODOS DE GOCE.

La secta del perro: Crates

El titulo que convoca esta mesa alude directamente a la segregación, y me parece muy bien elegido en relación a mis reflexiones en torno al malestar en la cultura en un mundo donde el cinismo no es ya la excepción, sino el punto de anclaje donde se estructuran los modos y vínculos sociales en sus distintas formas.

Mientras el cínico antiguo se enfrentaba, en solitario, a la sociedad de su entorno, tratando de escandalizar, y aspirando a la etiqueta de sabio, el cinismo moderno es colectivo, ignorante, lo que produce efectos en lo social que no son semejantes a lo que Diógenes en su tonel y con su linterna promulgaba.

El cinismo tuvo de especifico una forma de pensar critica, subversiva y revulsiva, frente al idealismo platónico y la retórica convencional. Diógenes ‘el cínico subvierte.

En efecto, se alza contra el discurso corriente de su tiempo, y aunque desarrolla otro ideal, el de ascetismo individualista frente al ideal de la identidad colectiva, prometía algo frente a su ciudad, promulgaba que los valores de la civilización sólo son apariencias, no existen, sólo son goce de lo real. Promulgaba: sólo hay un gobierno justo, el del universo. Su egoísmo de sabio se compensa estéticamente con una benevolencia universal y cósmica.

El cosmopolitismo cínico no es el cosmopolitismo de la ilustración que se ocupa de las naciones, sino el cosmopolitismo subversivo del individuo, atenido a si mismo, que renuncia voluntariamente a su ciudadanía, para no quedarse, por la pérdida violenta de su patria, sin la base de su existencia moral.

El cinismo antiguo era una carta de presentación para el desafio, con la provocación y el escándalo que invitan al reto. El cínico antiguo se negaba a rendir homenaje a lo respetable, pretendiendo denunciar la inautenticidad de la honorabilidad colectiva y sus supuestos, revelándose contra los fraudes de una comunidad que le parece falsa y perturbada, y prefiriendo renunciar al progreso y seguir una senda individual a cualquier precio con tal de escapar a la alienación.

El cinismo moderno en cambio, se embrutece masivamente, se adormila en las rutinas y convencionalismos, cultivando el pequeño goce personal y solo alertado por ese poco más de goce que pueda tener el vecino, siempre preocupado abusivamente por el otro, lo que produce en los sujetos captados en ese orden el desprecio (por el que no se ha sacrificado en la misma medida), el proselitismo (hagan como nosotros) y la persecución (ese celo que no hace sino saciar el kakon fundamental que no es domesticable).

Aunque en todo grupo social, el narcisismo colectivo, incluye y disimula un goce, mediante los ideales, y es a nivel del narcisismo individual en el que es insoportable el goce del Otro, ese rasgo, el cinismo, rasgo fundamental de nuestra época, ilustra magníficamente la afirmación freudiana de que no hay causa social de la represión: la insatisfacción es inmanente a la existencia del ser humano y que en el origen de la estructura de todo grupo lo que hay es un ideal del yo (S1).

Ese goce que incluye y que disimula el narcisismo individual retorna al exterior. Es lo insoportable en relación al goce del Otro que se idealiza. Por otra parte, en todo colectivo humano, lo contenido en el interior retorna al exterior, lo que implica el racismo, pues todo grupo, aspira a universalizar la falta en gozar.

Como sabemos, el discurso capitalista recicla todo. Los efectos pues, en la sociedad capitalista no son iguales en relación a lo que se ha llamado la Secta del perro, fundada por Antístenes y de la cual Diógenes sería su más conocido representante.

Antístenes aconsejaba fortificarse contra las calumnias más que contra los apedreamientos. Preocupado por lo social, lo combatía con el cinismo de sus enunciados. A modo de ejemplo: las ciudades perecen en el momento en que no pueden distinguir a los malos y a los buenos.

¿Por qué la secta del perro? por que el perro es un animal muy poco gregario, es insolidario con los suyos, y esta dispuesto a traicionar a la especie canina y pasarse al lado de los humanos. Es agresivo y fiero, o fiel y cariñoso, según sus relaciones individuales Comparte con el esclavo la capacidad de captar algo de la razón en el sentido de que sabe obedecer las ordenes de su amo, pero no mucho más e implica una renuncia, la renuncia a lo civilizado.

La definición del cínico antiguo más precisa que he encontrado, seria que cínico seria aquel que actuase como el maestro de coro que da las notas un tono más alto para que los demás entonen a la altura adecuada. Y en esto, Diógenes es su mejor representante: exagera, busca siempre esa nota chillona, para atraer la atención, como lo revelan las anécdotas, no vacila en dar la nota. Provocador callejero, Diógenes es agresivo con unos y singularmente atractivo para otros. Acudió una vez Alejandro hasta él y le dijo: ‘Yo soy Alejandro el gran rey”. Repuso; “Y yo Diógenes el perro’. Al preguntarle porque se llamaba perro contesto” Porque muevo el rabo ante los que me dan algo, ladro a los que no me dan, y muerdo a los malvados”.

Al anunciar Filipo que iba a atacar Corinto y al estar todos dedicados a los trabajos y corriendo de un lado a otro, él empujaba haciéndola rodar, la tinaja en que vivía. Como uno le preguntara : “¿Por qué lo haces, Diógenes? “ dijo; “Porque, estando todos tan apurados, sería absurdo que yo no hiciera nada. Así que echo a rodar mi tinaja, no teniendo otra cosa en que ocuparme”. Pero el cínico no hace nada por el bien común, tan sólo parodia la agitación ajena, en un gesto burlón.

Gesto burlón que retorna en relación a su muerte. Hay dos anécdotas: una dice que murió por la mordedura de los perros y otra, más interesante, que fue al no poder digerir los trozos de pulpo que había comido crudo. Rechazar lo cocido es un riesgo, pues la carne cruda que un perro digiere bien, puede resultar mortífera para un hombre.

Crates, vendió su hacienda y se proclamó discípulo de Diógenes, como oposición a la cultura convencional, pero de una forma peculiar, tratando de no hacer una capitulación absurda de los goces. Aprovecha las formas existentes del arte y al propio tiempo las disuelve, fundamentalmente en la poesía.

Hiparquia se enamoró de él y tomando el mismo habito que su esposo, marchó con él. Comenzando así su vida como filosofa. Lo que no sería considerado un delito si lo hiciera Teodoro, tampoco será considerado delito si lo hace Hiparquia. Teodoro no comete delito si se golpea a si mismo, luego tampoco lo comete Hiparquia si golpea a Teodoro. El no replicó pero le arrancó el vestido. ¿esta es la que abandono la lanzadera en el telar? respondió ‘yo soy, Teodoro. ¿Es que te parece que he tomado una decisión equivocada sobre mi misma, al dedicar el tiempo que iba a gastar en el telar en mi educación.

Crates e Hiparquia no piden justicia ni una felicidad basada en la riqueza y el honor, sino una dicha y una justicia privadas, aunque Crates también pensará una ciudad adecuada a los preceptos de la secta, en el siguiente poema.

Pera es una ciudad que se alza en medio de la purpúrea ilusión,
hermosa y esplendida, bañada de mugre, desprovista de todo,
en la que no atraca ningún alocado parásito,
ni ningún glotón,
Pero produce tomillo y ajos, e higos y panes,
por lo
s cuales no combaten entre sí sus moradores,
ni se proveen de armas para defender su moneda o su honor.

Pero ese ideal, no les cegaba. A Alejandro que les preguntó si quería que se reconstruyera su patria, le contesto; ¿Que más da? probablemente otro Alejandro la arrasará de nuevo”.

La humanidad se contenta con el fantasma.

Todo colectivo humano idealiza los modos de goce, pero quisiera resaltar que las marcas en la antigüedad, la ilustración y en nuestros tiempos no son iguales y eso en razón de que la universalidad introducida por el discurso de la ciencia --que pretende la supresión de las diferencias a nivel del deseo y del goce-- produce paradójicamente una renuncia, que agota en si misma el lado subversivo, que los ideales, cualquiera que sean tienen en relación a la apuesta por el deseo, por más desatinado y escandaloso que pueda parecer.

Silencio, toda palabra debe ser opaca, todo saber acallado. Toda excentricidad denunciada, todo gusto abandonado, y todo eso cubierto bajo un manto de moralina --con apariencia o no de liberalismo-- que nos iguale clónicamente, aunque debajo latan propuestas que clamen por ser dichas.

Sade será quien respecto de los ideales de la Revolución francesa y de la Ilustración, al igual que Diógenes ‘el cínico’, en relación a la polis griega, revele la verdad del goce del saber de su época.. Revela que existe un goce del uno, uno solo que está en ruptura con el lazo social.

Y aunque es una verdad irrealizable, Sade, victima voluntaria, no hace concesiones, llegando al limite de lo indecible. Lo que nos revela que no ceder en lo que toca al deseo es una paradoja, pues el automatón del significante condena a lo cómico. Voy a leer un pasaje, que aunque no es de Antígona podría llevar su nombre. Es el testamento espiritual del marques;

Charenton, 4 de Mayo de 1.811

Debo agradeceros muy sinceramente, mi querida prima, el hermoso regalo que acabáis de hacerme. Os aseguro que le doy un gran valor, y El genio del cristianismo, llegado a mis manos con las alas de la virtud, etc., etc., solo puede producirme todos los buenos efectos que esperáis de él. ¡Pero con que expresiones acompañáis, mi querida prima vuestro encantador regalo!. con palabras mucho más amables y mucho más espirituales, lo que me decís significa literalmente: saldréis cuando seáis bueno. ................O bien soy lo que debo ser, o no lo seré jamás.............................se necesitan ejemplos para convencer y no torturas. Se odian hasta las opiniones de quienes nos maltratan .............

El testamento:

articulo quinto y último:

............quiero que se me entierre en el primer soto que se encuentra a la derecha, entrando por el lado de antiguo castillo.......una vez recubierta la fosa será sembrada de bellotas a fin de que quede todo tupido como antes y que mi tumba desaparezca de la fax de la tierra, como espero que se borre mi memoria de la mente de los hombres, excepto de un pequeño grupo que han querido amarme hasta el último momento. ..... 30.1.1.806.

La conciencia no es órgano de la naturaleza, es el órgano de los prejuicios. venzámoslos y enseguida la conciencia se pondrá a nuestra ordenes. Este pensamiento tampoco es viable, pero nos muestra que entre el hombre normal que encierra al hombre sádico en un callejón sin salida y el sádico que hace del callejón una salida, es este quien más sabe sobre la verdad y la lógica de su situación, y quien tiene la inteligencia más profunda, al punto de poder ayudar al hombre normal a comprenderse a si mismo, ayudándole a modificar las condiciones de toda comprensión.

El cinismo no conviene al psicoanálisis. Es cierto que el cínico no es un engañado, que es alguien que al final ha llegado a saber que los valores de la civilización sólo son apariencia. Pero, la particularidad del sujeto, significa un funcionamiento basado en el conjunto resistente a la segregación y eso no lo contempla el discurso, cualquiera que sea, incluso el discurso analítico. Eso solo es posible abordarlo a través de la estructura. Y es en ese sentido que la ‘naturaleza “ de Sade es el anuncio de los deberes de la estructura, del misterio del código, de la muerte que antecede en el lenguaje y se presentifica en el silencio.

http://www.campolacaniano-valencia.net/biblioteca/idealizacion_de_los_modos_de_goce.html




Cualquier parecido con alguien del IrC, es pura coincidencia".... XDDDDD

La risa... La risa abundante y reiterada garantiza una vida saludable, si bien no la eternidad.

EL MOVIMIENTO CÍNICO

El cinismo es una de las manifestaciones más radicales de la filosofía y también de las más incomprendidas. Los cínicos consideran que la forma de vivir es parte fundamental de la filosofía e inseparable de su manera de pensar.

Sin embargo, no todos los integrantes de este movimiento tienen las mismas actitudes externas ni los mismos comportamientos, por lo que a veces se habla de filosofía cínica, otras veces de actitud cínica y otras simplemente de locura.

El término cínico es uno de esos términos que han ido perdiendo su significado original y transformándose en otro distinto al que tuvo en sus orígenes.

Tanto es así que hay algunas propuestas para usar los términos quínico o kínico, con el fin de diferenciar claramente el concepto de cínico en su sentido original del que se usa hoy en día, es decir, diferenciar en concepto de cínico en sentido filosófico, de su sentido popular.

Filosóficamente de lo que se trata, es de retomar o de pensar de un modo nuevo y diferente algunos temas antiguos, ya que el paso del tiempo ha cambiado completamente su significado, su origen y desarrollo han sido velados, para llegar a significar hoy, poco más que un insulto.

El cinismo es una filosofía teórica y una práctica, pero también una forma de vida, aunque esta característica se empezó a perder enseguida, es una filosofía que pretende alcanzar la felicidad mediante la sabiduría y la ascesis.

Uno de los rasgos que diferencia al cinismo de otros movimientos es precisamente la importancia que dan a la ascesis, la práctica continua del ejercicio mental y físico, como camino para conseguir un estado de ánimo apropiado para alcanzar la autosuficiencia, que les libere de los imprevistos y les endurezca para permanecer impasibles ante "adversarios existenciales" como el hambre, el frío o la pobreza, que no dependen de ellos. Esta actitud les emparentaba con el estoicismo, aunque su desvergüenza les volvía a alejar.

Se pueden distinguir dos fases en el movimiento cínico: la primera fase se desarrolló básicamente en Grecia, durante los siglos IV y III a.C., la segunda fase se desarrolló en las grandes ciudades del imperio romano: Roma, Alejandría y Constantinopla, y duró desde los siglos I a V.

El nombre de cínicos tiene dos orígenes diferentes asociados a sus fundadores. El primero viene del lugar donde Antístenes solía enseñar, que era un gimnasio llamado Cinosarges, que se puede traducir como el perro blanco o el perro veloz.

El segundo origen tiene que ver con el comportamiento de Antístenes y de Diógenes, que se asemejaba al de los perros, por lo cual la gente les apodaba con ese nombre (kinicós).

Ésta comparación viene por el modo de vida que habían elegido estos personajes, por su idea radical de libertad, su desvergüenza y sus continuos ataques a las tradiciones y los modos de vida sociales.

Sin embargo detrás de todo esto, el cinismo pretendía dar una respuesta individual a la incertidumbre que se vivía en este periodo de crisis cultural, manifestando su malestar y descontento, y también librarse de los caprichos de la fortuna, guiando al individuo hacia la felicidad.

Este camino no era fácil así que se necesitaba un entrenamiento, una disciplina para conseguir una plena autonomía moral y a ser posible también física.

Era característico de los cínicos la transgresión continua, tanto de los valores tradicionales, como de las normas sociales.

Los cínicos tomaron como modelos a la naturaleza y los animales, los adoptaron como ejemplos de autosuficiencia y basándose en ello propusieron un modelo de comportamiento ético que consideraban fundamental para alcanzar la felicidad, aunque esto solo era posible mediante una rigurosa disciplina física y mental.

Proponen la necesidad de la autoafirmación individual frente a una sociedad alienante y coaccionadora.

El cinismo es una forma de vivir, pero también de pensar y de expresarse, y como no se han conservado las obras de los primeros cínicos, hoy son conocidos en gran parte por dichos y anécdotas (chreiai), que fueron transmitidos en forma de colecciones, la más usada es la de Diógenes Laercio, referencia fundamental para el estudio no solo de los cínicos, sino de gran parte de la filosofía anterior a su autor.

Utilizaron recursos literarios diversos donde no faltan la parodia, la sátira, la anécdota o la burla, pero siempre de forma escandalosa y provocadora. Invalidar la moneda en curso.

Según la tradición antigua, Diógenes se vio obligado a abandonar Sinope, porque su padre o él mismo (o ambos), se dedicaron a invalidar monedas, estropeándolas con un punzón. A raíz de todo esto su padre fue encarcelado y Diógenes tuvo que huir, o bien fue exiliado, no se sabe con certeza.

Relacionado con este asunto se formó la leyenda de que Diógenes fue a consultar al oráculo de Delfos, y recibió como respuesta a su pregunta el enigmático consejo de invalidar la moneda, que se acabó convirtiendo en la consigna cínica, y en metáfora de buena parte de su comportamiento. Lo cual podría ser considerado un antecedente lejano de la importante consigna nietzscheana sobre la transvaloración de los valores.

Invalidar los valores y cambiarlos por otros fué uno de los retos que asumieron los cínicos y que persiguieron con insistencia.

La Libertad Radical

La libertad radical es libertad de pensar, de acción y de palabra.

El cínico se diferenciaba de los demás por su desvergüenza radical, por adoptar modos de vida que escandalizaban a su sociedad, por predicar la autosuficiencia, la libertad de palabra y la austeridad como cosas necesarias para alcanzar la tranquilidad de ánimo y con ello la felicidad.

Se proclamaban cosmopolitas y liberados de cualquier obediencia a las instituciones, convenciones o leyes, ya que estas son siempre locales, y ellos se consideraban ciudadanos del mundo. En cualquier sitio se encontraban en su casa.

La Diferencia

Y que como los perros, unas veces movían el rabo y otras veces mordían.

El sabio cínico considera que para alcanzar la felicidad es necesario la libertad, la autosuficiencia y el desapego.

Los cínicos no estaban dispuestos a conceder que la felicidad dependiera de cuestiones ajenas a sí mismos, la libertad está en el centro de la forma de pensar cínica y se refiere a la libertad de acción y a la libertad de expresión.

Una parte importante de la tradición cínica se ha transmitido en forma de anécdotas (chreia), lo cual no es de extrañar considerando cierta aversión por la escritura de algunos de sus miembros, y la importancia de las "performances" o acciones públicas características de los cínicos.

Hay varias colecciones de estas anécdotas, algunas de las cuales fueron recopiladas por Diógenes Laercio en su libro.

Las acciones más representativas son las atribuidas a Diógenes, tales como masturbarse o defecar en público, mear encima de alguien, escupir a la gente o hablar en favor del incesto y del canibalismo.

Sin embargo todos estos hechos solo tienen validez porque son actos deliberados de protesta contra las costumbres sociales y morales y porque los cínicos primitivos creían que era una forma de enseñanza realizada mediante el ejemplo personal y comprometido.

Las Acciones

La teoría cínica proviene de la práctica y su fundamento se encuentra en la exigencia de libertad frente a todo aquello que pueda esclavizarle. Como parte de esta libertad radical se encuentra la libertad de palabra (parrhesia).

Esta libertad de expresión es un rechazo de la polis y de la autoridad, porque va directamente contra sus propias normas, asumiendo la posibilidad de recibir severos castigos, incluso el exilio.

La libertad de palabra utilizaba formas que habitualmente llegaban a ser ofensivas. Junto con la libertad de palabra, otra característica del cínicos es su desvergüenza (anaideia).

Aceptaban el apodo de perros porque lo tomaban precisamente como el símbolo de su falta de avergüenza. Como parte de esta desvergüenza asumían el desprecio por las convenciones y el placer.

El cínico adopta un estilo de vida que representa su independencia y proclama la necesidad de autosuficiencia (autarkeia) para conseguirla.

Pero para lograr esta autosuficiencia es preciso vivir de una manera sencilla, con deseos que puedan ser satisfechos fácilmente y con las únicas pertenencias que uno pudiera "salvar en caso de naufragio". Los cínicos concedían un gran valor a la austeridad y a la frugalidad y en esto se asemejaban a los estoicos.

Otra cuestión fundamental para el cinismo era la práctica de ejercicio físico, porque la disciplina (askesis) le fortifica frente a las adversidades imprevistas y aumenta su resistencia a vivir en la intemperie. Acostumbrarse a cuidar se sí mismos, sin criados, seguir dietas sencillas y vestir un simple manto y un bastón.

Los cínicos proponen también una vida conforme a la naturaleza, tomando a los animales como ejemplo de autosuficiencia. Los animales tienen pocas necesidades y se adaptan rápidamente a la situación en que se encuentran.

Diógenes vivía en la polis, como si fuera un perro, con un comportamiento escandaloso para un ser humano, pero no todos los cínicos llevaron el compromiso a tales extremos.

La imperturbabilidad (apatheia) es el ideal del sabio cínico, que vive alejado de todo lo que le produce perturbación o angustia y es capaz de adaptarse con indiferencia a las circunstancias.

Y por último el cosmopolitismo cínico, que está relacionado con la libertad de no pertenecer a ningún país, ni estar obligado por las leyes, porque son regionales y lo que vale en un sitio no vale en otros. También está relacionado con la oposición a la polis, porque la naturaleza no tiene fronteras ni leyes.

El Paso Del Tiempo

Con el paso del tiempo el comportamiento y la vida provocativa de los primeros cínicos fue dando paso a un escándalo verbal y escrito.

Teoría y práctica están inseparablemente unidas en el cinismo, pero la importancia de una y otra no es la misma, se dejarán a un lado el manto y el bastón, y lo que queda es la escritura cínica, la vida ciudadana.

Personajes

Presentamos en esta página a los principales filósofos cínicos: Antístenes, Diógenes de Sinope, Crates de Tebas, Metrocles e Hiparquia de Maronea, Onesícrito de Astipalea, otros cínicos menos conocidos

Y finalmente exponemos, solo en números, el catálogo integral de cínicos de M. O. Goulet-Cazé

Antístenes

Antístenes fue el prototipo de sabio austero y solitario, con una confianza radical en el ser humano individual y una desconfianza total en las instituciones de cualquier clase.

Fue uno de los filósofos más relevantes de su época, discípulo directo de Sócrates, tuvo a su vez una influencia decisiva en algunas de las escuelas que se formaron en este periodo, tanto por sus teorías, como por su actitud y su forma de vida.

Es considerado precursor de la escuela cínica a través de Diógenes y de Crates, y de la escuela estoica a través de otro de sus seguidores, Zenón de Citio.

Antístenes nació en Atenas, entre los años -450 y -445 y murió en al año -366 (fechas aproximadas dependiendo de las fuentes). Participó en la batalla de Tanagra, con unos 20 años, de ahí la posible datación de su nacimiento.

Su padre fue un ciudadano ateniense y su madre una esclava tracia, este mestizaje le impedía conseguir la ciudadanía ateniense, pero no parece que esto le importunara demasiado, incluso ironizaba al respecto diciendo que también la madre de los dioses era extranjera.

Comenzó su andadura filosófica como discípulo del famoso sofista Gorgias, que como todo sofista cobraba por enseñar, por lo cual se podría deducir que Antístenes o bien gozaba de una posición económica desahogada o que él mismo ejercía de sofista y cobraba por esto.

En este mismo tiempo se inició también en los misterios órficos. Sin embargo, su principal aprendizaje fue con Sócrates, de quien se hizo discípulo y amigo hasta la muerte de éste.

Antístenes estuvo presente en uno de esos raros momentos estelares de la filosofía que fué la muerte de Sócrates, mientras discutían sobre la inmortalidad del alma y esperaban a que llegara el momento de beber la cicuta que le causaría la muerte.

La tranquilidad del viejo maestro en tan decisivos momentos causó una profunda impresión en todos los que estaban allí presentes y es muy probable que esto influyera en la insistencia posterior de Antístenes en la ataraxia.

Un buen día Antístenes decidió prescindir de todo lo superfluo y fundar su propia escuela. Lo hizo en un gimnasio en las afueras de Atenas llamado Cinosarges, que quiere decir el perro blanco (perro raudo o veloz, según otras versiones), dando lugar a la duda de si de esta circunstancia deriva el nombre de la escuela cínica.

El cambio es tan radical que se manifiesta también externamente, viste ahora un manto, un zurrón y un bastón, indumentaria que se convierte en el uniforme del cínico. Prescinde de una manera decisiva de todo lo que no puede llevar encima, con la intención de librarse de los caprichos de la fortuna y regir su propio destino.

El objetivo es alcanzar la felicidad y esto se consigue si uno depende solo de sí mismo. Lo fundamental para el cínico es la autarquía, es decir la independencia de todo condicionamiento exterior, la autosuficiencia, que puede aprenderse pero que requiere un esfuerzo. Antístenes pone como ejemplo al héroe Heracles (Hércules).

Atrás queda todo aquello que considera que ya no le pertenece al sabio, la familia, el dinero, la fama y sobre todo sus antiguos pensamientos. En cierta ocasión afirmó que la mayor dicha era sin duda, morir feliz.

Antístenes vivía según su propia ley, la que él mismo eligió para sí, de acuerdo con la areté personal que libremente asumió.

Las leyes establecidas, las convenciones sociales no eran para este sabio, que como todos los cínicos despreciaba las normas, las instituciones, las costumbres y todo lo que representa una atadura para el hombre.

Predicaba una vuelta a la naturaleza como revulsivo a la domesticación social y cultural que se imponía en las ciudades. Poseía una amplia cultura y escribió numerosos libros, Diógenes Laercio los agrupa en 10 volúmenes y nos da el título de casi 60 escritos, de los cuales actualmente tan solo se conservan 2 breves fragmentos (Sobre Ayax y Sobre Ulises).

Diógenes de Sinope

La figura de Diógenes enseguida pasó a ser una leyenda de provocación y la imagen del sabio cínico por excelencia, de aspecto descuidado, burlón y sarcástico. Su forma de vida perruna, su estilo agresivo, su comportamiento siempre en contra, le diferencian sin confusiones.

Vivía en un tonel, buscaba a plena luz del día con un candil, nada menos que al hombre, se masturbaba en público, comía carne cruda, escribía libros a favor del incesto y del canibalismo.

Si alguien es el prototipo de transgresor, ese es Diógenes de Sinope. Nació en Sinope (Asia Menor) entre los años -413 y -400 y murió en Corinto en el año -323. Este mismo año es probable que murieran también Aristóteles y Alejandro Magno.

Su padre era banquero y cuenta Diógenes Laercio que un buen día decidió consultar al oráculo y recibió como respuesta "invalidar la moneda en curso", que como todas las respuestas de los oráculo era enigmática, dicha respuesta tenía al menos tres sentidos: falsificar la moneda, modificar las leyes o transmutar los valores.

Diógenes no quiso elegir e hizo las tres cosas, el resultado fue la expulsión y el destierro de Sinope. Ellos me condenan a irme y yo les condeno a ellos a quedarse, fue su irónico comentario.

Forzado por estas circunstancias deambuló por Esparta, Corinto y Atenas, en esta ciudad frecuentó el cinosarges y se hizo discípulo de Antístenes, optó por llevar una vida austera y adoptó la indumentaria cínica, como su maestro. Desde sus comienzos en Atenas mostró un carácter apasionado, llegando Platón a decir de él, que era un Sócrates que se había vuelto loco.

Pone en práctica de una manera radical las teorías de su maestro Antístenes. Lleva al extremo la libertad de palabra, su dedicación es criticar y denunciar todo aquello que limita al hombre, en particular las instituciones.

Propone una nueva valoración frente a la valoración tradicional y se enfrenta constantemente a las normas sociales. Se considera cosmopolita, es decir, ciudadano del mundo, en cualquier parte se encuentra el cínico como en su casa y reconoce esto mismo en los demás, por tanto en mundo es de todos.

La leyenda cuenta que se deshizo de todo lo que no era indispensable, incluso abandonó su escudilla cuando vio que un muchacho bebía agua en el hueco de las manos.

Conoció a algunos de los filósofos y gobernantes de la época, se cuenta la anécdota de que estando un día en las afueras de Corinto, se le acercó Alejandro Magno y ofreció concederle lo que quisiera, a lo que el filosofo respondió simplemente: apártate a un lado que me quitas el sol.

Esta anécdota pretende reflejar claramente que el sabio no necesita nada de los poderosos, que está por encima de las riquezas materiales y de la ambición del poder. Esta actitud crea una radical separación con los políticos.

Todo esto es posible pero se necesita un duro entrenamiento (ascesis). Diógenes, como todos los cínicos recomienda el entrenamiento para adquirir la areté, ejercitarse tanto física como mentalmente para endurecerse y llegar a la impasibilidad y a la autosuficiencia.

La independencia se consigue con el esfuerzo, como el viejo héroe Heracles, que sirve de ejemplo a los cínicos, porque vive conforme a su propia valoración de las cosas y no según normas ni convenciones impuestas desde fuera.

Escribió algunos libros, que se han perdido, pero todos los indicios hacen suponer que eran de carácter breve y en forma de máximas o sentencias agudas e irónicas, según sus comentaristas. Su muerte, como no podía ser de otra manera, también es motivo de anécdotas.

Según algunos murió por su propia voluntad, suicidándose mediante la contención del aliento, dueño de su destino y del momento de su muerte. Según otros murió de las mordeduras de un perro, esta vez de los de cuatro patas o de una indigestión por comer pulpo crudo.

Y cuentan también otros que aún resuena el eco de las carcajadas del sabio de vez en cuando y que sus amigos levantaron un monumento en su honor, que consistía en una columna coronada por un perro de mármol.

Crates de Tebas

Crates era un ciudadano adinerado y de buena posición social, que renunció a toda su fortuna para hacerse filósofo cínico.

Fue discípulo de Diógenes y maestro de Zenón de Citio, el que luego fundara una de las tendencias más importantes de la filosofía antigua, el estoicismo.

Crates, a diferencia de su maestro, era un hombre amable y tranquilo, que le valió el sobrenombre de "el filántropo", así como el de "abrepuertas" porque la gente le llamaba a sus casas para pedirle consejo y charlar con él.

Nació en Tebas aproximadamente en el año -368, pero enseguida se marchó a Atenas, para hacerse seguidor de Diógenes, murió hacia el año -288.

Como todos los cínicos predicaba la autarquía y la sencillez dando ejemplo con su vida y sus actos, y aunque de estilo menos agresivo que sus predecesores, su actitud es la misma que los demás.

Para Crates la filosofía le libera de su esclavitud externa, en cuanto a la familia, la propiedad o las costumbres sociales y le libera también de esclavitud interna, de sus opiniones, manteniendo su radical libertad individual.

Para conseguir vivir feliz, es suficiente con lo mínimo, es esencial la frugalidad y la distancia con las instituciones y las leyes. Crates escribió bastantes obras de literatura en las que consiguió mantener un buen nivel y además las escribió casi siempre en verso, sus obras consisten en una mezcla de poemas medio broma y medio serio, y parodias que escondían mensajes éticos.

Pretendía propagar los principios de Diógenes, de una manera atractiva, y probablemente de esta manera consiguió llegar a una audiencia bastante amplia.

Protagonizó uno de los escándalos mas curiosos de la filosofía antigua: su historia de amor con Hiparquia, filósofa cínica como él.

Metrocles e Hiparquia de Maronea

Fueron dos hermanos que provenían de una familia rica de Maronea. Metrocles tuvo desde muy temprano inquietudes filosóficas y gracias a que tenía bastante dinero pudo dedicarse a ello sin problemas.

Fue discípulo de Teofrasto y luego también de Jenócrates. Pero no se sintió satisfecho hasta que encontró a Crates y se hizo discípulo suyo y abandonó sus pertenencias.

Fue conocido como un experto en la anécdota breve, con ánimo de memorizar y utilizar como guía.

Poco más se sabe de su vida, salvo que por su mediación, su hermana Hiparquia conoció a Crates del que se enamoró pero al principio este amor no fue correspondido y ante esta situación le amenazó con suicidarse, al final y en contra de las normas sociales de la época mantuvieron una relación cínica, que incluía el mantenimiento de relaciones sexuales en público.

Hiparquia es una de las pocas mujeres filósofas de la antigüedad (pero no la única), y desde luego fue la única cínica. La dureza de tener que abandonar todas sus pertenencias, vestir el manto cínico, llevar una vida como la de sus compañeros y ser uno más no debió ser nada fácil, dadas las costumbres de la época.

Sin embargo su relación con su Crates, debió ser de los más cordial y compartían todo de igual a igual, incluido la filosofía.

Onesícrito de Astipalea

Su vida transcurrió aproximadamente entre los años -380 a -300. Fue otro de los discípulos importantes de Diógenes y el más viajero.

Acompaño a Alejandro Magno en una expedición la India, donde entró en contacto con los gimnosofistas hindúes, a los que define como sabios o santones medio desnudos y a los que comparó con los cínicos griegos.

Su vida no fue la de un auténtico cínico al estilo de sus predecesores, pero su actitud y la propagación del cinismo hizo que Diógenes Laercio le incluyera en su libro y su nombre figure en cualquier lista de cínicos.

Otros cínicos menos conocidos

Diógenes Laercio aún menciona a otros tres filósofos en la lista de cínicos y a los que trata más brevemente: Mónimo de Siracusa, que fue discípulo de Diógenes, Menipo de Gadara, discípulo de Crates, Menedemo de Lampsaco y dos más en otras partes de su libro: Bión de Boristenes (-335 a -245) que fue vendido como esclavo, y acabó en Atenas estudiando filosofía con Crates y Estilpon de Megara (-360 a -280) que pasó por la escuela cínica (es probable que fuera alumno de Diógenes) y por la megárica donde llegó a encabezarla.

De los filósofos posteriores a Diógenes Laercio, solo destacaremos a Luciano de Samosata que fue una mezcla de cínico y de epicúreo, escribió numerosa obras, casi todas de carácter satírico, así como diálogos en algunos de los cuales intervienen filósofos cínicos.

Catálogo integral de filósofos cínicos conocidos

M.O. Goulet-Cazé, en un excelente trabajo, ha elaborado un catálogo integral de los cínicos conocidos, con un pequeño resumen de cada uno de ellos, dispuestos en 8 grupos: 83 cínicos cuya autenticidad histórica está comprobada, 14 cínicos anónimos, 10 personas cuya vinculación con el cinismo es incierta, 31 cínicos de las pseudoepigráficas Epístolas cínicas, 13 cínicos casi con seguridad ficticios, pero que aparecen en la literatura, 1 cínico por equivocación, 4 personas que no fueron cínicas, pero a las que se conocía como perros, y por último varios títulos en los que aparece la voz perro.

Conceptos

Las palabras permanecen, los conceptos designados por ellas no.

Algunos conceptos griegos no tienen traducción directa al castellano, en otros casos la palabra traducida no tiene nada que ver con el concepto original, por esto, y por otras cosas, una de las ocupaciones de la filosofía es la aclaración, otros prefieren el término elucidación , de conceptos.

Areté - El castellano actual no tiene ningún equivalente de esta palabra. Se suele traducir por virtud, pero siempre con matizaciones.

Virtud es un palabra latina cuya traducción del griego perdió parte de sus connotaciones, y con el uso que el cristianismo ha hecho de ella, ya no tiene nada de su significado originario, por tanto apenas usaremos esta traducción.

No tiene nada que ver con el sentido posterior de bueno ni de virtud moral. En su origen tiene que ver con lo aristocrático, con la magnanimidad y la grandeza de ánimo, con el que se exige a si mismo. Es el producto de una disciplina consciente, reservada a los nobles y a los guerreros, unida a una conducta selecta y al heroísmo.

Designa la fuerza y la destreza de los luchadores, el valor heroico, pero no en sentido moral, sino de fuerza.

Designa al hombre de calidad, para el cuál, lo mismo en su vida privada que en la guerra, se rige por sus propias normas de conducta, ajenas al común de los hombres.

En este concepto de la areté, se funda el carácter aristocrático del ideal de la educación y revela el original sentimiento del heroísmo entre los griegos. En el cínico este carácter se hace notable en su afán por seguir solamente su propia ley y su conducta de acuerdo a su pensamiento.

Autarquía (Autosuficiencia): es la independencia del individuo de todo condicionamiento del exterior.

Es un requisito fundamental para tratar de alcanzar la felicidad, y no solo para los cínicos, también para el resto de movimientos que nos ocupan, aunque con diferentes propósitos.

La autarquía produce la tranquilidad de ánimo y está relacionada con la areté, se trata de evitar todo aquello que pueda causar dependencia tanto física como mentalmente.

Fragmentos

Estos fragmentos están tomados del libro de Diógenes de Laercio, y muestran algunas opiniones paradigmáticas que ilustran el carácter de algunos de los cínicos antiguos mas significativos.

Antístenes

Cuando le preguntaron qué es lo que había aprendido de la filosofía, respondió: ser capaz de hablar conmigo mismo.

Al preguntarle qué cosa era lo mejor para los hombres, dijo: morir felices.

Decía que por todo equipaje se debería llevar sólo el que en caso de naufragio, pudiera nadar con él.

Las opiniones que más le gustaba repetir eran: que la arete se puede aprender. Que la arete es suficiente en si misma para la felicidad.

Que el sabio es autosuficiente, pues también son suyos los bienes de los demás. Que el sabio no vive según las leyes establecidas, sino según su propia arete.

Diocles le atribuye también lo siguiente: para el sabio ninguna cosa le es extraña o imposible. Es más útil pelear con pocos buenos contra muchos malos, que con muchos malos contra pocos buenos. Hay que prestar atención a nuestros enemigos, porque son los primeros en descubrir nuestras debilidades. La virtud del hombre y de la mujer son la misma.

Diógenes de Sinope

Cuando Diógenes llegó a Atenas, quiso ser discípulo de Antístenes, pero fue rechazado, ya que éste no admitía discípulos, y ante su insistencia Antístenes le amenazó con su bastón, pero Diógenes le dijo: no hay un bastón lo bastante duro para que me aparte de ti, mientras piense que tengas algo que decir.

Cuando fue puesto a la venta como esclavo, le preguntaron qué era lo que sabía hacer, contestó "mandar, mira a ver si alguien quiere comprar un amo".

Cuando le invitaron a la lujosa mansión le advirtieron de no escupir en el suelo, acto seguido le escupió al dueño, diciendo que no había encontrado otro sitio más sucio.

Cuenta una anécdota que Alejandro Magno dijo en cierta ocasión, que de no haber sido Alejandro, le hubiera gustado ser Diógenes. Argumentaba así: todo es de los dioses, los sabios son amigos de los dioses, los bienes de los amigos son comunes, por tanto todo le pertenece al sabio.

Una vez, que estaba tomando el sol, se paró frente a él Alejandro y le dijo: pídeme lo que quieras. Diógenes contestó: no me quites el sol.

Iba por la calle en pleno día, con la lámpara encendida, diciendo busco un hombre.

En cierta ocasión que se masturbaba en medio del ágora, comentó: ojalá fuera tan fácil librarse del hambre, frotándose la tripa.

En un banquete, algunos para hacerle una broma le echaron huesos como si fuera un perro, el fue y les meó encima, como un perro.

En otra ocasión, un individuo muy supersticioso le amenazó: de un puñetazo te romperé la cara, Diógenes replicó: de un estornudo a tu izquierda te haré temblar.

Cuando le preguntaron cuál era el vino que más le gustaba, dijo: el de los demás.

En otra ocasión le preguntaron por qué la gente daba limosna a los pobres y no a los filósofos, a lo que respondió: porque piensan que pueden llegar a ser pobres, pero nunca a ser filósofos.

Dijo que de la filosofía había sacado el estar preparado para cualquier eventualidad. Dijo también considerarse ciudadano del mundo (cosmopolita).

Referencias Bibliográficas

Solo se han utilizado obras escritas o traducidas al castellano y son las siguientes: Imprescindibles. R.B.Branham y M.O. Goulet-Caze (Eds.):

Los Cínicos. Barcelona, 2.000 - Este libro es de referencia obligada, el mejor libro sobre los cínicos en lengua castellana. Está compuesto por un conjunto de estudios de diversos autores que abarcan casi todos los temas y casi todas las épocas. Imprescindible.

Peter Sloterdijk: Crítica de la razón cínica. (2 tomos) Madrid, 1989 - El autor pretende hacer una reivindicación del otro cinismo, del auténtico, frente al de hoy en día, con el que nada tiene que ver. Es un libro de horizontes más amplios, y que tiene mucho que ver con la transgresión.

Carlos García Gual: La secta del perro. Madrid, 1.987 - García Gual, quizá sea el autor que más ha escrito sobre el tema en lengua castellana. Este libro es muy ameno, riguroso y además breve, una de las mejores introducciones al cinismo.

Sobre los cínicos. Acosta Méndez, Eduardo: "Filósofos cínicos y cirenaicos. Antología comentada". Barcelona, 1.997.

Arroyo /Baigorri /Trapiello /Cifuentes: ¿Qué es el cinismo?. Barcelona, 1.989 - Escrito con intención didáctica y como material de estudio para la ética.

Daraki Maríay Romeyer-Dherbey, Gilbert: El mundo helenístico. Madrid, 1.996 - Un estudio sobre cínicos, estoicos y epicúreos.

García Gual, Carlos e Imaz, María Jesús: La filosofía helenística. Madrid, 1.986 - Libro sobre la época helenística, que incluye un capítulo sobre los cínicos.

Traducción del libro de Diógenes Laercio. Diógenes Laercio: Vidas de los filósofos más ilustres. México, 1.984. Traducción de José Ortiz y Sanz de 1.792. Es una traducción completa del libro de Diógenes Laercio, buena pero anticuada, ya que data de 1.792.

Traducciones parciales. Los fragmentos que aparecen en este sitio, los hemos tomado básicamente de estos dos libros, que contienen además sendos estudios sobre el tema: García Gual, Carlos: La secta del perro.

La segunda parte es una traducción del libro VI, relativo a los cínicos.

Sartorio, Rafael : Diógenes Laercio, los cínicos. Madrid, 1.986. Contiene introducciones didácticas a lo tratado y otros documentos relativos al tema.

Luciano de Samosata: Diálogos de los dioses, Diálogos de los muertos, Diálogos marinos, Diálogos de cortesanas. Madrid, 1.987. Los Diálogos sobre los muertos, son una serie de diálogos sarcásticos en los que intervienen algunos cínicos que hablan sobre cuestiones filosóficas de una manera despiadada y donde solo ellos de dan cuenta de lo que sucede realmente.

Luciano de Samosata: Diálogos fantásticos. En uno de los cuentos el cínico Menipo se fabrica un par de alas y consigue llegar a la luna, para darnos su visión desde tan privilegiado lugar. Aspectos generales .

Capelle, Wilhelm: Historia de la filosofía griega. Madrid, 1.981. Libro ya clásico sobre el estudio de la filosofía griega, abarca desde el comienzo hasta el periodo helenístico. El libro cuarto está dedicado a los socráticos menores, el capítulo I de este libro, a los cínicos.

Jaeger, Werner: Paideia. Madrid, 1.993 (1ª edición de 1.957). Es un libro muy amplio y ambicioso sobre el estudio de la educación en el sentido que este concepto tenía en Grecia. Hemos tomado prestado parte su ensayo sobre la areté, entre otras cosas.

Como excepción, ya que no está traducido al castellano, merece la pena mencionar los 4 tomos titulados "Socratis et Socraticorum Reliquiae" de G.Giannantoni. La mejor y más completa referencia sobre los cínicos.

Ke Las Rosas Florezkan En Tu Kruz


http://www.extrasensorial.com/colaboraciones/movimientocinico.htm



Crates y sus compis de la escuela cínica
Tortuga Epicúrea Sábado,11 de febrero de 2006
Sepamos de una vez qué se esconde detrás de ese inquietante nombre.

La escuela cínica en la actualidad

Crates

Fue el discípulo más notable de Diógenes de Sínope. Y, por haber sido también maestro de Zenón de Citio, se lo considera el nexo entre la escuela cínica y el estoicismo, corriente filosófica iniciada por este último. Nació en Tebas en el año 368 a.C. De muy joven se estableció en Atenas, donde conoció a Diógenes. Era un ciudadano pudiente de clase alta que renunció a todo (riquezas y posición social) para abrazar el cinismo. Su trato con la gente era muy distinto del de su maestro. Él era amable y respetuoso; lo llamaban "El Filántropo". Defendía los puntos de vista de la escuela cínica con un estilo menos agresivo que el de Diógenes. Según relata Diógenes Laercio, abría las puertas de las casas para exhortar a sus moradores. (Otros dicen que era la gente la que lo invitaba a sus casas para dialogar con él y recibir su consejo.) Con su palabra y con sus actos, predicaba la autarquía y la sencillez como único camino para alcanzar una vida feliz. La sencillez implicaba el quedarse sólo con lo mínimo, desprendiéndose de la familia, la propiedad, las costumbres sociales e incluso de las propias opiniones.

(JPEG)

Crates tuvo un discípulo, Metrocles. Escribió numerosas obras literarias, la mayoría en verso. Mediante ellas -en un tono por momentos humorístico y por momentos serio- buscó difundir el cinismo.

Según la tradición, tuvo con Alejandro una actitud similar a la de Diógenes: cuando el emperador le preguntó si quería que reconstruyeran la ciudad, respondió: «¿Para qué reconstruirla?»

Murió en el año 288 a.C.

Crates
CÍNICO
por Marcel Schwob

Una de las Vidas imaginarias (1896)

Nació en Tebas. Fue discípulo de Diógenes y también conoció a Alejandro. Su padre, Ascondas, era rico y le dejó doscientos talentos. Un día fue a ver una tragedia de Eurípides y se sintió inspirado ante la aparición de Telefo, rey de Misia, vestido como un mendigo y con una canasta en la mano. Se levantó en medio del teatro y en voz alta anunció que distribuiría entre quienes los quisieran los doscientos talentos de su herencia, y que desde ese momento le bastarían las ropas de Telefo. Los tebanos comenzaron a reír y se amontonaron frente a su casa; pero él se reía más que ellos. Les arrojó su dinero y sus muebles por las ventanas, tomó un manto de tela y una alforja, y se fue.

Llegó a Atenas y anduvo vagando por las calles; para descansar apoyaba las espaldas contra las murallas, al lado de los excrementos. Puso en práctica todo lo que aconsejaba Diógenes. El tonel le pareció superfluo. Crates opinaba que de ninguna manera el hombre es un caracol ni un crustáceo. Vivía entre la basura, completamente desnudo, recogiendo cortezas de pan, aceitunas podridas y espinas de pescado para llenar su alforja. Solía decir que su alforja era una ciudad amplia y opulenta donde no había parásitos ni cortesanas, y que producía para su rey cantidad suficiente de tomillo, ajo, higos y pan. Así Crates llevaba su patria a cuestas y se alimentaba de ella.

No se inmiscuía en los asuntos públicos, ni siquiera para burlarse de ellos; tampoco le daba por insultar a los reyes. Desaprobaba la actitud de Diógenes, quien un día había gritado: «¡Hombres, acercaos!», y luego golpeó con su bastón a quienes habían acudido diciendo: «Llamé a hombres, no a excrementos.» Crates era tierno con la gente. Nada lo preocupaba. Se había acostumbrado a las llagas. Lamentaba no tener un cuerpo lo suficientemente flexible como para poder lamerlas, como hacen los perros. Deploraba también la necesidad de ingerir alimentos sólidos y de beber agua. Pensaba que el hombre debía bastarse a sí mismo, sin ninguna ayuda exterior. Por eso no iba en busca de agua para lavarse. Cuando la mugre lo incomodaba, se frotaba el cuerpo contra las murallas pues había observado que así proceden los asnos. Rara vez hablaba de los dioses: no le importaban; lo mismo le daba que los hubiera o no, pues sabía que nada podían hacerle. En todo caso, les reprochaba el haber hecho deliberadamente desdichado al hombre al ponerle la cara en dirección al cielo y privarlo de la facultad que poseen la mayor parte de los animales: la de caminar en cuatro patas. Dado que los dioses han decidido que para vivir hay que comer -pensaba Crates- tendrían que haber puesto la cara del hombre mirando al suelo, que es donde crecen las raíces: nadie puede alimentarse de aire o de estrellas.

La vida no fue generosa con él. A fuerza de exponer sus ojos al polvo acre del Ática, contrajo legañas. Una enfermedad desconocida de la piel lo cubrió de tumores. Se rascó con sus uñas, que no cortaba nunca, y observó que de ello sacaba un doble provecho pues, al mismo tiempo que las iba gastando, sentía alivio. Sus largos cabellos llegaron a parecerse a un felpudo, y los dispuso de manera que lo protegieran de la lluvia y del sol.

Cuando Alejandro fue a verlo, no le dirigió palabras mordaces, pero lo consideró un espectador más, sin hacer ninguna diferencia entre el rey y la muchedumbre. Crates no tenía opinión sobre los poderosos. Le importaban tan poco como los dioses. Sólo le preocupaban los hombres y la manera de pasar la vida con la mayor sencillez posible. Las recriminaciones de Diógenes le causaban risa, lo mismo que sus pretensiones de reformar las costumbres. Crates se consideraba muy por encima de cuestiones tan vulgares. Transformaba la máxima inscrita en el frontispicio del templo de Delfos, y decía: «Vive tú mismo.» La idea de cualquier conocimiento le parecía absurda. Sólo estudiaba las relaciones de su cuerpo con lo que éste necesitaba, tratando de reducirlas tanto como fuera posible. Diógenes mordía como los perros; Crates vivía como los perros.

Tuvo un discípulo llamado Metrocles. Era un joven rico de Maronea. Su hermana Hiparquia, bella y noble, se enamoró de Crates. Hay testimonios de que se sintió atraída por él y de que fue a buscarlo. Parece imposible, pero es cierto. Nada la desalentó: ni la suciedad del cínico, ni su pobreza absoluta, ni el horror de su vida pública. Él le previno que vivía como los perros, en las calles, y que buscaba huesos en los montones de basura. Le advirtió que nada de su vida en común sería ocultado y que la poseería públicamente cuando tuviera ganas, como los perros hacen con las perras. A Hiparquia eso no le extrañó. Cuando sus padres trataron de retenerla, ella amenazó con matarse. Le tuvieron piedad. Entonces abandonó el pueblo de Maronea, desnuda, con los cabellos sueltos, cubierta sólo con un viejo lienzo, y vivió con Crates, vestida igual que él. Se dice que tuvieron un hijo, Pasicles, pero no hay nada seguro al respecto.

Parece que esta Hiparquia fue buena y compasiva con los pobres. Acariciaba a los enfermos y lamía sin la menor repugnancia las heridas sangrantes de los que sufrían, covencida de que estas personas eran para ella lo que las ovejas son para las ovejas, lo que los perros son para los perros. Si hacía frío, Crates e Hiparquia se acurrucaban contra los pobres y trataban de trasmitirles el calor de sus cuerpos. Les prestaban la ayuda muda que los animales se prestan unos a otros. No tenían preferencia por ninguno de los que se acercaban a ellos. Les bastaba con que fueran seres humanos.

Esto es todo lo que llegó a nosotros de la mujer de Crates; no sabemos cuándo ni cómo murió. Su hermano Metrocles admiraba a Crates y lo imitaba. Pero nunca tuvo tranquilidad: su salud estaba perturbada por flatulencias continuas, que no podía retener. Se desesperó y resolvió matarse. Crates se enteró de su desgracia y quiso consolarlo. Comió una buena cantidad de lupines y se fue a ver a Metrocles. Le preguntó si era la vergüenza de su enfermedad lo que lo afligía tanto. Metrocles confesó que no podía soportar su desgracia. Entonces Crates, inflado por los lupines, soltó unos cuantos gases en presencia de su discípulo y le hizo ver que la naturaleza sometía a todos los hombres al mismo mal. Luego le reprochó que hubiese sentido vergüenza y le puso su propio ejemplo. Soltó después unos cuantos gases más, tomó a Metrocles de la mano y se lo llevó.

Los dos anduvieron mucho tiempo juntos por las calles de Atenas, seguramente con Hiparquia. Hablaban muy poco entre ellos. No sentían vergüenza por nada. Aunque revolvían los mismos montones de basura que los perros, éstos parecían respetarlos. Cabe pensar que, de haber estado muy hambrientos, se habrían peleado con ellos a dentelladas. Pero los biógrafos no mencionan nada por el estilo. Sabemos que Crates murió viejo; que terminó por quedarse en un mismo sitio, recostado bajo el alero de un galpón del Pireo donde los marineros guardaban los bultos del puerto; que dejó de vagar en busca de algo que roer; que no quería siquiera extender el brazo; y que un día lo encontraron desecado por el hambre.


Diógenes

Es el sabio cínico más cautivante, al punto que su figura se ha convertido en una leyenda. Vivía en un tonel. Su aspecto era descuidado y su estilo burlón. Era en extremo transgresor. Platón llegó a decir de él que era "un Sócrates que se había vuelto loco".

Nació en Sínope, en la actual Turquía, en el año 413 a.C. Por cuestiones económicas fue desterrado de su ciudad natal, hecho que tomó con cierta ironía: «Ellos me condenan a irme y yo los condeno a quedarse.» Fue así que anduvo por Esparta, Corinto y Atenas. En esta última ciudad, frecuentando el gimnasio Cinosargo, se hizo discípulo de Antístenes.

(JPEG)

A partir de entonces adoptó la indumentaria, las ideas y el estilo de vida de los cínicos. Vivió en la más absoluta austeridad y criticó sin piedad las instituciones sociales. Su comida era sencilla. Dormía en la calle o bajo algún pórtico. Mostraba su desprecio por las normas sociales comiendo carne cruda, haciendo sus necesidades fisiológicas, manteniendo relaciones sexuales en la vía pública, y escribiendo a favor del incesto y el canibalismo. Se burlaba de los hombres cultos -que leían los sufrimientos de Ulises en la Odisea mientras desatendían los suyos propios- y de los sofistas y los teóricos -que se ocupaban de hacer valer la verdad y no de practicarla-. También menospreciaba las Ciencias (la Geometría, la Astronomía y la Música) que no conducían a la verdadera felicidad, a la autosuficiencia.

Sólo admitía tener lo indispensable. Cuentan que un día, viendo que un muchacho tomaba agua con las manos, comprendió que no necesitaba su jarro y lo arrojó lejos. En otra ocasión, cuando estaba en Corinto, el mismísimo Alejandro Magno se le acercó y le preguntó: «¿Hay algo que pueda hacer por ti?», a lo cual Diógenes le respondió: «Sí, correrte. Me estás tapando el sol.»

En una oportunidad salió a una plaza de Atenas en pleno día portando una lámpara. Mientras caminaba decía: «Busco a un hombre.» «La ciudad está llena de hombres», le dijeron. A lo que él respondió: «Busco a un hombre de verdad, uno que viva por sí mismo [no un indiferenciado miembro del rebaño].»

Una vez, al ver cómo unos sacerdotes llevaban detenido a un sacristán que había robado un copón, exclamó: «Los grandes ladrones han apresado al pequeño.» Cuando necesitaba dinero para comprar comida, se lo reclamaba a alguno de sus amigos y, si éste se demoraba, le decía: «Te pido para mi comida, no para mi entierro.»

Durante un viaje en barco fue secuestrado por piratas y vendido como esclavo en Creta. Los vendedores le preguntaron para qué era hábil y él contestó: «Para mandar.» Lo compró Xeniades de Corinto y le devolvió la libertad convirtiéndolo en tutor de sus hijos. Como vivía en la vía pública, algunos jóvenes solían acercársele para molestarlo. En más de una oportunidad tuvieron que alejarse corriendo porque Diógenes los atacaba a mordiscones, como un perro.

Al igual que su maestro Antístenes, Diógenes reconocía que era necesario entrenarse para adquirir la virtud, la impasibilidad y la autarquía. Y, como su maestro, tomaba como modelo a Hércules, quien vivió según sus propios valores. Se consideraba ciudadano del mundo y sostenía que un cínico se encuentra en cualquier parte como en casa. Diógenes escribió varias obras, probablemente en forma de aforismos, que se han perdido.

Murió en Corinto en el año 327 a.C. Algunos afirman que se suicidó conteniendo el aliento; otros que falleció por las mordeduras de un perro; y otros que murió como consecuencia de una intoxicación por comer carne de pulpo cruda.


Antístenes

Nació en Atenas en el año 444 a.C. Si bien su padre había nacido también en Atenas, se vio impedido de obtener la ciudadanía ateniense porque su madre era una esclava tracia. A los veinte años participó de la batalla de Tanagra. Fue alumno del sofista Gorgias y se inició en los misterios órficos. Luego de conocer a Sócrates, se convirtió en su discípulo. Según relata Platón en el diálogo Fedón, fue uno de los que acompañaron a Sócrates en la celda en el momento de su muerte. Enseñaba en el Gimnasio Cinosargo ("Perro Blanco"), en las afueras de Atenas, donde acostumbraban reunirse los habitantes de Atenas que no eran de ascendencia ateniense pura. De allí proviene el nombre de su escuela: Cínica (= "de Los Perros"). Sus enseñanzas eran las de un sofista, con la diferencia de que no consideraba a la disputa una preparación para la formación intelectual sino una preparación para la vida virtuosa. De hecho, la única enseñanza que se debía dar al hombre -según Antístenes- era la de la virtud, para que pudiera saber lo que le convenía. En su escuela se comentaban las obras de Homero y los mitos griegos, y se tenía a Hércules como modelo de sabio.

Admiraba de Sócrates la independencia de criterio y el desinterés por la riqueza y las posesiones materiales. Se consideraba un fiel seguidor del maestro e interpretaba algunas de sus afirmaciones de un modo muy diferente al de Platón, especialmente en lo que se refiere a la objetividad de los conceptos. Afirmaba que sólo existe lo individual, oponiéndose explícitamente a la Teoría de las Ideas de Platón. Una vez dijo: «Mi querido Platón, yo veo bien un caballo, pero no veo una caballeidad.», a lo que Platón respondió: «Claro, porque tú tienes ojos, pero no entendimiento.» Su postura puede denominarse nominalista ya que -según él- el conocimiento sólo puede llegar a nombrar lo individual pero no debe adentrarse en el terreno del juicio.

(JPEG)

Quizá el haber presenciado los últimos momentos de Sócrates y el haber sido testigo de su tranquilidad y entereza frente a la muerte le hayan inspirado el concepto de ataraxia (imperturbabilidad, indiferencia ante las pasiones).

Antístenes tenía como modelo a Sócrates, pero -como se señaló más arriba- también se inspiraba en Hércules, a quien estaba dedicado el Gimnasio Cinosargo. Entendía por "virtud" a la conformidad con la Naturaleza. La virtud era entonces un saber, pero un saber vivir, no un conocimiento puramente teórico. La virtud, que permite alcanzar la felicidad, consiste en la autarquía, el dominio de sí, el desapego por todo bien material y por toda necesidad superflua o artificial. Teniendo a Hércules por modelo, alababa el trabajo duro y despreciaba el Arte, la Literatura, el lujo, la comodidad y todo refinamiento. También despreciaba el placer, al que consideraba causa de la infelicidad en cuanto perturbador de la quietud del sabio. Sostenía que para alcanzar la felicidad, el sabio debía dejar atrás el dinero, la familia y la fama.

Rechazaba toda convención social, en la convicción de que las instituciones y las costumbres no hacían sino atar al hombre. Confiaba en el ser humano individual, no en las instituciones. Por ello predicaba la vuelta a la Naturaleza, en oposición a la domesticación social. Vestía un manto, un zurrón y un bastón, como lo harían después todos los cínicos. Para liberarse de toda atadura, no tomaba nada que no pudiese llevar consigo.

Al igual que Platón -y antes que él-, Antístenes escribió una serie de diálogos en los que Sócrates era el protagonista, pero ninguno ha llegado hasta nosotros. Diógenes Laercio agrupó sus escritos en diez volúmenes, de todo lo cual se conservan tan sólo dos fragmentos, uno sobre Ayax y otro sobre Ulises. Aristóteles, al tratar temas de Lógica, nombra a sus discípulos como los "antisténicos", lo que nos lleva a pensar que también se ocupó de esas cuestiones.

Antístenes, cuyo discípulo más famoso fue Diógenes de Sínope, murió en el año 365 antes de nuestra era.

http://www.nodo50.org/tortuga/article.php3?id_article=3270



ç




LIBRO SEXTO

Tercera parte


MÓNIMO

1. Mónimo Siracusano, discípulo de Diógenes, fue doméstico de un banquero corintio, como dice Sosícrates (423). Jeníades, que fue quien compró a Diógenes, iba muchas veces a su casa; y como refiriese allí las virtudes de aquel, su porte y su admirable elocuencia, indujo a Mónimo a su amor. Al punto, pues, aparentando demencia, comenzó a derramar la moneda y dinero del Banco, hasta que, despedido por su amo, se fue con Diógenes. También siguió mucho a Crates Cínico y demás de esta secta, de lo cual tomó motivo su amo de tener por cierta su locura. Salió varón sabio; tanto, que aun Menandro el Cómico hizo memoria de él. Así habla en uno de sus dramas titulado Hipocomo:

-Fue Mónimo o Filón un varón sabio,
despreciado de todos,
con su zurrón pendiente.
-He aquí ya tres zurrones.-Pero hablaba
símiles elocuentes; y es seguro,
por Dios, que no hallo dicho
comparable al Conócete a ti mismo,
y a éste semejantes.
Fue sórdido y mendigo además de esto,
y a todo lo demás tuvo por lujo.

Fue tan constante que, despreciando la gloria mundana, anhelaba sólo la verdad. Escribió algunas cosas jocosas que encerraban sentido serio. Dos libros De los apetitos o pasiones, y otro De exhortaciones.


ONESICRITO

1. Oneslcrito, en la opinión de algunos, fue egineta; pero Demetrio de Magnesia lo supone de Astipalea. Fue también uno de los más hábiles discípulos de Diógenes. Parece que hubo entre él y Jenofonte alguna semejanza, pues Jenofonte militó con Ciro, y Onesicrito con Alejandro. Aquel escribió la Ciropedia; éste, el modo en que fue nutrido Alejandro. Aquel hace el encomio de Ciro, y éste el de Alejandro. Aun en la locución se acerca mucho a Jenofonte, y sólo se estima menos que éste al modo que una copia se estima menos que el autógrafo.

2. También fueron discípulos de Diógenes: Menandro, el llamado Drimo, admirador de Homero; Hegesias Sinopense, por sobrenombre Cloyo, y Filisco Egineta, ya mencionado.


CRATES

1. Crates, hijo de Ascondo, tebano, fue igualmente discípulo del Can. Pero Hipoboto dice que no fue discípulo de Diógenes, sino de Brisón Aquino. Se conocen de él estos versos jocosos:

Es noble la ciudad Zurrón llamada,
fastosa, aunque mugrienta,
bella, amena, fecunda, y nada tiene.
No entra en ella demente parásito,
ni pedicón obsceno
que de bardajerías se gloríe.
Produce, sin embargo,
ajos, higos y panes,
entre quienes no hay guerras mutuamente,
ni se mueven las armas
por pedazos de cobre ni por gloria.

También es suyo aquel diario conocido de todos, que dice:

Asienta minas diez al cocinero,
y al médico una dracma.
Pon al adulador cinco talentos,
y al consejero humo.
Póngasele un talento a la ramera,
y un trióbolo al filósofo se ponga.

2. Lo llamaban abridor de puertas, porque se metía en todas las casas para dar correcciones. También son suyos estos versos:

Cuanto estudié poseo, y cuanto pude
aprender con trabajo y con estudio.
La vanidad fastuosa
se llevó las demás felicidades.

Y lo que le había producido la Filosofia:

Un quénice (424), me ha dado de altramuces,
y de otra cosa alguna no cuidarme.

También se conoce como suyo lo de:

El hambre quita el amor, y si no, el tiempo;
y si usarlos no puedes, toma el lazo.

Floreció hacia la Olimpiada CXIII. Antístenes dice en las Sucesiones, que Crates, habiendo visto en una tragedia a Telefo con un esportillo en la mano, y miserable en todo lo demás, se dedicó a la Filosofia cínica. Así, vendido su patrimonio (pues era hombre de cuenta) y juntados hasta doscientos talentos, los distribuyó entre sus conciudadanos. Filosofó con tanta constancia, que el cómico Filemón hizo memoria de él, diciendo:

En verano llevaba ropa burda,
y delgada en invierno,
para tomar liciones de templanza.

Diocles dice que Diógenes le persuadió que diese sus posesiones para pasto de ganados, y si tenía dinero lo arrojase al mar. Se dice que Alejandro destruyó la casa de Crates, como Filipo la de Hiparquias (425).

3. Muchas veces apaleaba a sus parientes porque venían a removerlo de su instituto, y perseveraba constante en él. Demetrio de Magnesia dice que depositó su dinero en casa de un banquero, con la condición de que lo diese a sus hijos si eran idiotas, mas en caso de ser filósofos, lo distribuyese al pueblo. Eratóstenes refiere que habiéndole nacido un hijo llamado Pasicles, de Hiparquia, de que hablaremos, cuando fue ya crecido, lo llevó a casa de una esclava, y le dijo que ese era el casamiento que su padre le daba. Porque el premio de los adúlteros trágicos son los destierros y muertes; el de los cómicos, el meretricio; y el de la adulación y embriaguez, la demencia (426). Crates tuvo un hermano llamado Pasicles, que fue discípulo de Euclides, y de quien Favorino, en el libro II de sus Comentarios), dice una cosa chistosa. Es que como pidiese no sé qué al director del gimnasio, le tocó los muslos; mas indignándose éste, dijo Pasicles: ¿Qué es esto? ¿No son los muslos tan tuyos como las rodillas?

4. Decía Crates que es imposible hallar a uno que no haya errado, sino que, todos son como la granada, en la cual, andando el tiempo, siempre se pudre uno u otro grano. Habiendo una vez irritado al citarista Nicódromo, recibió un bofetón; mas él se pegó con pez en la frente un rótulo que decía: Nicódromo lo hacía (427). Perseguía con insultos a las rameras, ejercitándose con esto a sufrir injurias. A Demetrio Falereo, que le envió pan y vino, le respondió con enfado: ¡Ojalá que las fuentes manasen panes! Se sabe que siempre bebió agua. Los jueces de Atenas (428) lo reprendieron porque iba cubierto con una sábana, a los cuales respondió: También os mostraré yo a Teofrasto cubierto con una sábana. No creyéndolo ellos, los condujo a una tienda de barbero, donde estaba Teofrasto cortándose el pelo (429). Como lo azotase en Tebas el director del gimnasio (o bien Eutícrates en Corinto) y lo arrastrase de un pie, sin alterarse en nada, repetía:

Por el umbral sagrado,
cogido por los pies lo conducía (430).

Pero Diocles dice que quien lo arrastró fue Menedemo Eretriense; pues siendo éste hermoso, y pareciéndole a Crates que Asclepíades Fiasio se servía de él, tocándole los muslos, le dijo: Adentro, Asclepíades. Por lo cual, indignado Menedemo, lo arrastró por el suelo, y él dijo el verso referido.

5. Zenón Cititeo dice en sus Críos que cosió una vez al palio una piel de oveja, sin tener en cuenta la fealdad (431). Era feo de rostro, y cuando se ejercitaba en la palestra algunos se burlaban; pero él, levantando las manos, solía decir: Confía, Crates, en tus ojos y restante del cuerpo; tú verás presto que estos que se burlan ahora caerán enfermos, te confesarán dichoso y se tratarán a sí mismos de cobardes. Decía que se debe filosofar hasta tanto que los generales de ejército parezcan conductores de asnos. Que los que no tienen otra compañía que la de aduladores, están tan solos y abandonados como los ternerillos dejados entre los lobos, pues ni aquellos ni éstos son otra cosa que enemigos.

6. Sintiéndose ya cercano a la muerte, solía cantarse a sí mismo lo siguiente:

Vas, corcovado amigo,
bajando a las mansiones infernales,
por tu larga vejez doblado y corvo.

Pues por su mucha edad andaba muy inclinado de cuerpo. Como Alejandro le dijese si quería que se reedificase su patria, respondió: ¿Y para qué, si luego algún otro Alejandro la volverá a destruir? Y también:

Que él tenía por patria
el propio menosprecio y la pobreza,
a quienes la fortuna no consume.

Y además:

Que de Diógenes era ciudadano,
a quien nunca la envidia lazos puso (432).

Hace memoria de él también Menandro en sus Gemelos, diciendo:

Pasearás conmigo
cubierto con tu palio,
cual la mujer de Crates con su perro.

Casó a sus hijas con sus discípulos,

dándoles treinta días para prueba,

como él decía.


METROCLES

1. Metrocles, discípulo de Crates y hermano de Hiparquia, antes había estudiado con Teofrasto Peripatético, donde estuvo a punto de perder la vida. Fue el caso que, estando un día en la lección, se le escapó una ventosidad involuntariamente. Tanto fue el rubor y pena que de ello le sobrevino, que se encerró en su cuarto con ánimo de dejarse morir de hambre. Al saberlo Crates, entró con él a fin de consolarlo, y habiendo comido antes altramuces, lo procuró persuadir primero con palabras, diciendole que ningún absurdo había cometido, antes sería cosa monstruosa no despedir los flatos según la naturaleza; y luego, soltando él también su flato, lo curó de obra y lo alentó con razones. Desde entonces fue su discípulo, y salió un célebre filósofo.

2. Hecatón, en el libro I de sus Críos, afirma que Metrocles quemó todos sus escritos, diciendo:

Imágenes soñadas
es todo esto, y puras niñerías.

Algunos dicen que lo que quemó fue lo que había apuntado oyendo a Teofrasto, y que dijo:

Ven al punto, Vulcano (433);
Tetis te necesita.

Decía: De las cosas, unas se adquieren por dinero, como la casa; otras, con el tiempo y aplicación, como las disciplinas. Que las riquezas son nocivas si de ellas no se hace buen uso. Murió ya viejo, sofocándose él mismo. Tuvo por discípulos a Teombroto y a Cleómenes. De Teombroto lo fue Demetrio Alejandrino; y de Cleómenes, Timarco Alejandrino y Equecles Efesio, que también oyó a Teombroto. De éste lo fue Menedemo, de quien trataremos adelante. Fue también célebre entre ellos Menipo Sinopense.


HIPARQUIA

1. También Hiparquia, hermana de Metrocles, se dejó llevar por los discursos de Crates; ambos eran nativos de Maronea. Le agradaba tanto la vida y conversación de Crates, que ninguna ventaja de sus pretendientes, las riquezas, la nobleza ni la hermosura, la pudo apartar de su propósito, pues Crates era todas estas cosas para ella. Incluso amenazaba a sus padres con que se quitaría la vida si no la casaban con él. Finalmente, como sus padres rogasen a Crates que la removiese de su resolución, hizo éste cuanto pudo, mas nada consiguió. Sacó, por último, todos sus muebles a su presencia, y le dijo: Mira: éste es el esposo y éstos sus bienes; consulta contigo misma, pues no podrás ser mi compañera sin abrazar mi instituto. Lo eligió ella al punto, y tomando su vestido, andaba con Crates, usando públicamente del matrimonio, y concurriendo ambos a las cenas.

2. Se halló, pues, en un convite que dio Lisímaco, en que también estaba Teodoro, el apellidado Ateo, al cual propuso el argumento siguiente: Lo que pudo hacer Teodoro sin reprensión de injusto, lo puede hacer Hiparquia sin reprensión de injusta; hiriéndose Teodoro a sí mismo no obró injustamente; luego tampoco Hiparquia obra injustamente hiriendo a Teodoro. A esto nada opuso Teodoro, contentándose con tirarla de la ropa; pero ella no se asustó ni turbó como mujer, sino que como Teodoro le dijese:

¿Eres la que dejaste
la tela y lanzadera?,

respondió: Yo soy, Teodoro. ¿Te parece, por ventura, que he mirado poco por mí en dar a las ciencias el tiempo que había de gastar en la tela? (434) Éstas y otras muchas cosas se refieren de esta filósofa (435).

3. De Crates se conoce un libro de Cartas, en las cuales filosofa excelentemente, y el estilo se acerca mucho al de Platón. Escribió también Tragedias con un estilo elevadísimo y filosófico; por ejemplo, estos versos:

No es mi patria una torre o una casa;
sí que todos los pueblos de la tierra
me sirven de mansión y de triclinio.

Murió muy viejo, y fue enterrado en Beocia.


MENIPO

1. Menipo, también cínico, y originario de Fenicia, fue esclavo, como dice Acaico en sus Morales, y Diocles añade que su amo fue póntico y se llamó Bato. Como por su mucha codicia pidiese importunamente, pudo hacerse tebano (436). No ha quedado de Menipo cosa de importancia; sus libros están llenos de chocarrerías, como los de Meleagro, coetáneo suyo. Hermipo dice que Menipo se hizo y fue llamado usurero diario (437). Practicó también la usura marítima, tomando prendas, con lo cual juntó mucho dinero. Finalmente, con asechanzas, fue privado de todo y se ahorcó de pena. Yo le compuse los versos siguientes:

¿Por ventura conoces a Menipo,
oriundo de Fenicia, y Can cretense?
Usurero diario lo llamaban,
pues en Tebas perdió cuanto tenía,
abiertas las paredes de su casa.
Si la naturaleza conociera
del perro, ¿crees tú que se colgara? (438)

Algunos dicen que los libros que andan en su nombre no son suyos, sino de Dionisio y de Zopiro, colofonios, que habiéndolos escrito por pasatiempo, se los entregaron a él, como suficientemente capaz de ponerlos en orden.

2. Hubo seis Menipos. El primero es el que escribió las cosas de Lidia, compendiando a Janto (439). El segundo, éste de que hemos tratado. El tercero fue sofista estratoniceo, oriundo de Caria. El cuarto, estatuario. El quinto y sexto, pintores, de quienes Apolodoro hace mención.

3. Los libros de nuestro cínico son trece, a saber: Funerarias, Testamentos, Cartas elegantes, En persona de los dioses, A los fisicos, matemáticos y gramáticos, La generación de Epicuro, La supersticiosa celebración epicÚrea del día vigésimo del mes (440) y otras obras.


MENEDEMO

1. Menedemo fue discípulo de Caloto Lampsaceno. Se dio a la superstición en tanto extremo que, según Hipoboto, iba por las calles vestido de Furia, y diciendo que venía del infierno a observar a los pecadores, para luego bajar allá y contárselo a los demonios. Su vestido era una túnica talar de color oscuro, ceñida con una zona encarnada; en la cabeza un casquete arcádico, que tenía bordados o tejidos los doce signos; coturnos trágicos, barba larguísima y con un báculo de fresno en la mano.

2. Hasta aquí las Vidas de los cínicos en particular; pondremos en común ahora sus dogmas, pues juzgo que esta fue secta filosófica, y no, como quieren algunos, cierto modo de vida. Los cínicos opinaban que se deben quitar de la Filosofia los tratados lógicos y fisicos (y en esto no difieren de Aristón Quío), empleándose sólo en la moral; lo cual, unos, lo atribuyen a Sócrates; y Diocles a Diógenes, afirmando que este dijo:

debemos inquirir
qué se hace malo o bueno en nuestra casa.

También reprueban las humanidades (441), y aun dice Antístenes que los que nacieron templados (442) ni siquiera deben saber las letras, para no pervertirse con lo ajeno. Quitan igualmente la Geometría, la Música y demás artes semejantes. Por lo cual Diógenes, a uno que le mostró un horoscopio, le dijo:

Utilísima cosa es esa para que no nos falte qué cenar.

Y a otro que se gloriaba de músico, le dijo:

La humana ciencia rige las ciudades;
pero las cantilenas, ni una casa.

3. Establecen, por fin, el vivir según la virtud, como dice Antístenes en su Hércules, lo mismo que los estoicos, pues hay cierta analogía entre estas dos sectas; y así llamaron al cinismo un camino compendioso o un atajo para la virtud. De la misma manera vivió Zenón Citireo. Gustan asimismo de una vida fácil y simple, usando de la comida sobriamente, y sólo de palios. Menosprecian la riqueza, la gloria y la nobleza. Muchos de ellos se contentan con hierbas, y siempre beben agua fría. No buscan otro albergue que el que ocurre, aunque sea una tinaja, como Diógenes, el cual decía que es propio de los dioses no necesitar de nada, y de los que se parecen a los dioses necesitar de poquísimas cosas. Asientan que la virtud es enseñable (como dice Antístenes en su Hércules), y que también es admisible. Que el sabio es digno de ser amado, no peca, es amigo de sus semejantes y nada deja al dominio de la fortuna (443). A las cosas medias entre la virtud y el vicio las llaman indiferentes, como igualmente Aristón Quío.

4. Estos fueron los cínicos; ahora pasaremos a los estoicos, el primero de los cuales fue Zenón, discípulo de Crates.


Notas

(423) En las ediciones antiguas se lee Sócrates por Sosícrates. Hizo esta corrección Is. Casaubono, constando de muchos lugares que Sosícrates Rodio escribió Las sucesiones de los filósofos.

(424) Del quénice tratamos en la nota 369.

(425) En las ediciones westeniana y lipsiense añade el intérprete latino la dicción destructa; pero no estando en el texto griego ni versiones antiguas, se debe mirar como suplida, que puede ser buena o mala. ¿Y por qué razón en la destrucción de Tebas, patria de Crates, no pudo Alejandro mandar que se perdonase la casa de éste, como Filipo la de Hiparquias en la destrucción de Maronesa, su patria? El lector podrá suplir la palabra que le acomode, sea destructa, servata u otra.

(426) Menagio sospecha con fundamento que el texto no está aquí íntegro. Pienso que Crates, dando a su hijo por mujer una esclava, quiere mostrar que en ninguna especie de drama podía ser su condición sacada al teatro, pues ni era casamiento de noble ni de ingenuo. Los errores de los grandes dan asunto a las tragedias, y los del pueblo ingenuo a las comedias; los esclavos nunca son protagonistas de ningún drama, pues nada pudieran interesar sus casos.

(427) Frase tomada de los pintores y escultores antiguos, que en sus obras solían poner, por ejemplo: Apeles faciebat, como que no las daban por perfectas y acabadas.

(428) Vocablo griego que no podemos reproducir.

(429) Se suple que estaba cubierto con una sábana, esto es, los paños del barbero.

(430) Verso de Homero.

(431) Vocablo griego que no podemos reproducir.

(432) Esto es, era ciudadano de Pera, o zurrón, ciudad fundada por Diógenes, como se dijo arriba.

(433) Este verso de Homero lo dijo también Platón, como vimos en su Vida, pár. 4. Es el 392 del lib. XVIII de la Ilíada.

(434) Parece que alude esto a la respuesta que da a Cadmo su hija Agrave en la tragedia de Eurípides titulada Las Bacantes.

(435) Soy del sentir de Kühnio acerca de que estas dos Vidas de Metrocles e Hiparquía son parte de la de Crates, como el mismo contexto manifiesta. Menagio, para separarlas, hace varias correcciones en el texto absolutamente arbitrarias. En la Vida de Zenón Estoico también se incluyen las de Aristón, de Herilo y de Dionisio.

(436) A saber: salió de esclavitud redimiéndose, y se hizo ciudadano de Tebas.

(437) Debía de prestar dinero a plazo y usura diaria, lo cual no es hoy desconocido.

(438) Parece que quiso decir que siendo cínico no debía colgarse por haber perdido sus bienes, debiendo bastarle el zurrón. El haberse colgado indica que no era cínico verdadero.

(439) Janto había escrito cuatro libros sobre las cosas de Lidia, de los cuales hizo compendio dicho Menipo. Así, no son obras diversas las que parece que indica el texto.

(440) De esto se trata en la misma Vida de Epicuro.

(441) Véase la nota 127.

(442) Vocablo griego que no podemos reproducir.

(443) Vitruvio, en el prefacio del libro VI.


http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/filosofia/ilustres/6b.html


Al respecto, ilustro el asunto: Cuando Crates, según cuenta D. Laercio, intenta convencer a Hiparquia de que no es un buen candidato, le dice que él sólo tiene puede ofrecerle algo, no precisamente lujos ni propiedades: Según la traduccion de 1792 editada en México, le muestra sus muebles... Los mismos traductores empero, aclaran en el prólogo que las expresiones del gentilismo "ajenas de la sana moral" han sido reemplazadas por otras más "convenientes", según ordena "el santo Tribunal de la Inquisición"... Más acertada en este punto, la traducción que del hecho aparece en el libro "La secta del Perro", donde Crates, buen cínico, simplemente le muestra su cuerpo tal cual es. Por lo demás, felicito al sitio (que encontré al chequear si alguien tenía registrado el nombre cinicos.com pues quería hacer una página similar, idea ya abandonada).

http://www.cinicos.com/respuestas.jsp?g=0000&p=0003&r=00000000&t=lee&x=ol

Principal/Literatura/Doke Libertario/devenir mujer

A la literatura, –como a la historia, la religión, la moral o la política- le cuelga un falo.
En los imaginarios de las sociedades antiguas y modernas, en los testimonios de las religiones y la literatura, en los mitos griegos como el de Pandora o en el hebreo de Eva, en las atiborradas elucubraciones de Aristóteles -que equiparaba la inteligencia de la mujer a la de un infante-, de Schopenhauer o de Byron, la mujer no sólo es dibujada en un peldaño inferior al del hombre, sino que sobradas veces se le endilga –además- ser causa de toda la penuria humana.

El hombre inventó a los dioses y a la prostitución.
La poligamia y el horror al sexo son también perdurables creaciones masculinas.
La Eva bíblica produjo el gran chapuzón del género humano en el pecado, y la Eva cristiana fue el sendero tapizado de corolas que desemboca en el infierno. Para no quedar en menos frente a idolatría judeocristiana del macho, Mahoma limitó a cuatro el número máximo de mujeres que podía capitalizar un devoto del Corán. Claro que a él, por ser el representante directo de Alah, le correspondían siete. Número que fue respetado por los subsiguientes emires y sultanes de la fe musulmana aunque, por ingenio de macho, se otorgaron la generosa posibilidad de agregar hasta cien concubinas en su haber.

Hiparquia, esa mujer.
El espíritu misógino rodea incluso los mejores relatos.
Cuando Diógenes Laercio cuenta sobre Hiparquia, la filósofa cínica de Maronea y una de las primeras mujeres en rebelarse desde su condición femenina, lo hace a partir de su marido: “se enamoró de Crates, tanto por sus palabras como por su conducta, al tiempo que no prestaba ninguna atención a los que la cortejaban”. Para el estupor de Laercio es Crates quien intima a Hiparquia asumiendo el papel activo de desnudarse ante ella e imponiéndole así su condición de marginal que Hiparquia debe aceptar si desea estar con él.
Marcel Schwob sugiere que Hiparquia se vio conquistada y seducida por las ideas y la conversación de Crates (y no al revés) al punto de amenazar con el suicidio si no le era posible permanecer como compañía del cínico de austera existencia.
Divagar en harapos, rebuscar en las sobras de la basura el alimento, fornicar a la vista de todos eran prácticas promovidas por los hombres cínicos. Antístenes, el perro tonelero Diógenes, Crates y el flatulento Metrocles -hermano de Hiparquia-, con su look andrajoso y su sexualidad pública desairaban el orden establecido tras un ansia de libertad irreprimible.
Al mismo tiempo repelían la filosofía especulativa dominante encarnada en Platón, trucándola por un pensamiento práctico.
Hiparquia hizo más. Increíblemente más para la época.
A todas las actitudes de los hombres cínicos le agregó su condición de mujer. Fornicar en público, no bañarse jamás y dormir entre los gatos ya era impúdicamente desafiante a las imposiciones sociales cuando lo hacían los hombres. En una mujer estas acciones adquirieron los rasgos del escándalo y el escarnio. Ofensa al macho.

Devenir mujer.
No hay que caer en engaños livianos: el poder seductor y destructor que los moralistas y escribas masculinos le otorgaron durante centurias a la mujer realmente existe.
Pero su artificio desestabilizador lo es sobre todo de la cultura del macho. Lejos de conducir a un profético infierno de dolores es infinitamente más probable que desemboque en el genuino parir de la historia humana.
Tan sólo la mujer puede lograr que cada sexo sea superior al otro, el hombre ha de reconocer su histórico fracaso en ello.
Entusiastamente el hombre puede olvidarse de ser macho, la mujer jamás habrá de perder su condición de hembra.

http://www.thehouseofblogs.com/Literatura/devenir_mujer_149.html


ROIG Y LA CONSTRUCCION DE UN SUJETO LATINOAMERICANO

Arturo Andrés Roig, su aporte valórico-pedagógico [1]
Sergio Romero González*

Entre los 60 y 70 se levantó con fuerza en Latinoamérica la idea de un pensar filosófico identitario. Tal movimiento estaba en coincidencia con el alza de la actividad política revolucionaria que en todo el sur efervescía. Esta filosofía se declaraba no complaciente, crítica, compartiendo y acompañando el ascenso de las luchas populares. En gran medida asumía el carácter de una “filosofía de la liberación” que entre su programa reclamaba la construcción de una sola patria latinoamericana [2] , considerándose en términos generales “herramienta constante en la búsqueda de definiciones de nuestras realidades nacionales y sociales ” y en términos específicos, una filosofía que “tiene como punto de partida la afirmación de un sujeto plural, concreto, histórico, que parte del auto y héteroreconocimiento de la dignidad humana como principio y que intenta conocerse así mismo en sus modos de objetivación y, por tanto, de autenticidad y de alienación” .

Treinta y tantos años después, los medios, con otro sesgo y en un contexto inimaginable para la pretérita época señalada, traen noticias contradictorias al respecto. La llamada globalización nos obliga a mirar movimientos de inmigrantes y borroneas de fronteras [3] , las que disuelven su concretud para dar paso a metaespacios, redes que conviven con grandes y reales bolsones de atraso y miseria. Pero también bajo esta impresión, la de vivir una época radicalmente no homogénea, es que de una manera mas confusa, con una fe mas económica y menos utópica se remueve el fantasma de la integración. Alrededor de ese contexto es que pretendemos mostrar el aporte de la filosofía de Arturo Andrés Roig, en la cual vemos coimplicados la idea de construcción de una subjetividad propia con el compromiso por lograrlo: la continuidad crítica del proyecto moderno con la participación de una filosofía, que fuera de toda inocencia, opta por un compromiso que la trasciende en cuanto mero quehacer intelectual. En esta relación es que nosotros nos hemos planteado resaltar lo que llamamos implicancias valórico-pedagógicas en términos de una conceptualización que cree poseer aún un espacio legítimo y valedero.

Dignidad humana y repliegue

La filosofía de Roig guarda una fuerza eminentemente testimonial, encontrando sus referentes en algunos exponentes latinoamericanistas tales como Martí, Bolívar y otros. Héroes que desde el pasado nos hablan de un sueño futuro. Tal presencia, junto a la de miles de anónimos seres humanos del continente, han configurado con su vivir una “moral de la emergencia”, cuya idea reguladora y necesidad primera es la “dignidad humana”, fundada ésta en cuatro principios cuyos referentes se hayan en la filosofía y la literatura de occidente: “ 1. Principio de perseverancia en el ser o principio conativo (a-priori ontológico): Spinoza; 2. Principio de auto y heteroreconocimiento (a-priori antropológico): Hegel; 3. Principio de la naturaleza intrínseca del valor del ser humano (a-priori ético-axiológico): Kant-Marx; 4. Principio del "duro trabajo" de la subjetividad o de la emergencia de los oprimidos (a-priori ético-político): Antígona (Sofocles), Calibán (Shakespeare).” [4] . La “moral de la emergencia” constituye un fondo de referencia antropológica particular y colectiva ejemplar en tanto construcción de un tipo de sujeto.

Es posible por lo tanto a partir de lo anterior, diseñar una idea de ser humano. Tal posibilidad ha estado presente en forma no sistemática pero siempre incluida en el transcurso de las luchas de liberación latinoamericanas. No obstante, frente a la derrota que estas luchas han sufrido a nivel continental, llevado además por el talante posmoderno relativo a la caída de los metarelatos, su fondo valórico se difumina, pasado a llevar por la promoción y la práctica de nuevas actitudes que tienden a impregnar el diario vivir: racionalidades utilitaristas, competitividad, búsqueda del éxito individual y otras. Una nueva lectura, de talante nihilista, junto a una nueva situación social y política: el neoliberalismo, desestabilizan las condiciones que permitían pensar y actuar desde los anteriores supuestos.

Estamos pues, frente a una situación de inflexión que desde la perspectiva del pensamiento nos preocupa. Una situación contraria respecto de lo que había sido tradicional en una circunstancia articulada por nexos colectivos de solidaridad. El frenético tener por sobre el ser, el lucrar a como de lugar, el consumir como actividad compulsiva, la diversión fácil, el entretenimiento espectacular y el talante superficial. En el plano político y social, la ausencia de interés por la vida democrática, la prescindencia de los ciudadanos, considerados solo en su rol de electores, más otras situaciones similares, indican una caída en la calidad y la dignidad de la vida cotidiano-ciudadana.

Es en las condiciones anteriormente señaladas que se nos hace necesario recoger referentes teórico- prácticos como el de la filosofía citada, para reimaginar o retomar posibilidades de un pensar y actuar alternativo. La filosofía de Roig, sedimentada en una tradición histórico popular por ahora en repliegue, parece significativa para constituir un aporte de carácter valórico pedagógico. Se trata de extraer desde sus páginas implicancias para contribuir al diseño práctico de la figura de un sujeto que no solo persevere en el ser y en su autovaloración, sino que además y esta -sería la nota verdaderamente humana- se constituya en el reconocerse a sí y a los otros.

Testimonios y construcción de la subjetividad

En la obra de Roig Ética del poder y moralidad de la protesta: La moral latinoamericana de la emergencia, su segunda parte lleva el nombre de “Testimonios”. Pondremos ahí nuestra mirada para extraer algunos lineamientos que nos conduzcan a lo que hemos llamado “implicancias valórico pedagógicas”.

Hiparquia, el desmontaje del estereotipo.

El contexto en el cual nos establecemos para lo anterior, es una realidad que presenta muchos rostros, principalmente el de la marginación y sujeción social y política. Roig interviene con motivo del día universal de la mujer [5] denunciando “las formas diversas de disminución de la persona femenina, de separación y por cierto de explotación”. Arturo Andrés Roig no sólo denuncia. Además plantea “la necesidad de desmontar estereotipos” confrontando “una literatura de siglos”.

Nuestro autor confronta la imagen de la marginación femenina con una figura de la antigüedad clásica: Hiparquia, quien por sobre los prejuicios sociales de la época, se integró a la escuela filosófica de los cínicos, vistiendo el sucio mantón que acostumbraban a usar en la secta, por encima de las convenciones y revirtiendo la situación que hacía inconcebible la participación femenina en escuela de ciencia alguna. Su tiempo – que debería haber entregado al telar – se convierte en voluntad rupturista en la medida que lo desplaza a un ámbito particularmente masculino. Según el relato de Diógenes Laercio, Vidas, opiniones y sentencias de varones ilustres, un filósofo -voz del discurso excluyente- reprueba a Hiparquia el no dedicarse a labores propias de mujer. La respuesta de Hiparquia denota una afirmación de sí misma y desemboca en contrapregunta [6] cuestionando el sentido prioritario del uso del tiempo dado por la sociedad de su época.

Lo dicho por Hiparquia - pequeño manifiesto contra la marginación privada hogareña - cumple aquí el objetivo de afirmar el poder de preferir como dignidad personal. La misma lógica del discurso dominador, se pone en evidencia en cuanto a su debilidad. Junto a esto, el tiempo, aquello que se nos va, se torna categorialmente ético, en esta opción“vale la pena perderlo”.

Hiparquia, contra lo “natural”, ha decidido otro camino. No es una cuestión fácil; más bien se trata de una provocación en contra del pensamiento dominante de su época. Así también la circunstancia de esta figura femenina alcanza carácter universal, pues siendo central en la intención de Roig, representa no solo los millones de mujeres que sufren marginación, sino también a los millones de hombres que se consumen en la pérdida alienada de sus propias vidas. Así la figura femenina de la solitaria Hiparquia trasciende a la humanidad.

“Ser el que se es” con, entre y por los demás.

Desde nuestro continente, nos habla el general José de San Martín. Roig resalta de él una máxima: “serás lo que hay que ser si no, eres nada”.

El dicho de San Martín, se asimila al “conócete a ti mismo” de Sócrates o al “deviene el que eres” de Píndaro. Sin embargo, sin alejarse de la tradición occidental ni negar su influencia, en lo dicho por el General San Martín hay un tinte propio de su época. También podemos recordar a Kant y su imperativo categórico. Sin embargo, ¿qué ve Roig en las palabras citadas? ¿Qué hay “detrás”?. Indica Roig: “Nada menos que la dignidad humana”. Pero no se trata acá de la afirmación individualista que sólo se considera a sí misma. Dignidad humana es la de todos.

El imperativo comentado junto con su aspecto moral según Roig, también señala un carácter cultural. Sobre esto afirma: “sabemos que la cultura en general, puede ser definida como un acto permanente y hasta necesario de nosotros mismos”. Para llegar a ser lo que hay que ser, la humanidad debe salir de si construyéndose por sí misma. Es en esta orientación que Roig plantea una preocupación principal para “nuestra filosofía”: “Ella ha de ocuparse, precisamente, de los modos de objetivación y desde allí adentrarse en lo que es o ha sido ese ser humano que quedó expresado en su obra. ¿De qué manera dio forma al conjunto de valores que pretendió poner en juego? Porque esa tarea de objetivación, cuando alcanza un grado elevado de conciencia social no es ajeno a un deber ser, que más allá de su dinamicidad y conflictividad se encuentra siempre presente.”. “Ser el que hay que ser” sobrepasa el simple carácter individual, indica un mundo común en el que reside el deber ser. La citada máxima, impulsando “nuestra conducta moral, como nuestra práctica en función de la cual somos obreros de la cultura” requiere idealmente que imperativo ético e imperativo de cultura marchen juntos.

Así tenemos que el imperativo citado, nos lleva, desde la objetivación, a lo subjetivo, en cuanto a que su cumplimiento requiere entrega a la obra de vida y para eso es necesaria “sobre todo, una vida de entrega”. El fundamento del imperativo sanmartiniano resulta pues de un “apreciarse como valioso” y su medida, el valor de “hacerse” o construirse concretamente como tal. Digamos para precisar que tal hecho, como podemos ver, inversamente no implica una individualidad centrada exclusivamente en sí misma. El principio Martiniano “ser el que se es” se concretiza “con” los demás,” entre” los demás y “por” los demás.

Mundo objetivo v/s subjetividad popular o eticidad v/s moralidad

Roig considera fundamental para nuestro mundo latinoamericano, los aspectos disruptivos de nuestra historia. Siguiendo esta línea queremos focalizarnos en su mención de Martí [7] . Apoyado en el “apóstol” caribeño rescata el concepto de “hombre natural”: el que irrumpe “en medio de una sociedad opresora”, con indignación y fuerza, y – como dice Martí metafóricamente - derribando la justicia de los libros. Roig cree ver que en este modelo humano se representa “la historia de las luchas de los pueblos latinoamericanos por su liberación”. Manifestación de la tarea de constitución de sujetos “constructores de una entidad en la que nuestros pueblos se sientan expresados como agentes históricos”, es decir, sujetos de derecho.

Con el fin de profundizar en el sentido que se quiere evidenciar, Roig propone examinar la relación moralidad-eticidad. Ambas se presentan en un universo conflictivo que expresa la historia latinoamericana. Es éste el que genera la aparición del “hombre natural” en cuanto “agente histórico” que desde la moralidad denuncia y rechaza las condiciones de una eticidad dominante que se pretende universal a partir de un sustento de injusticia. Se trata de una “contraposición entre una ética del poder y una moralidad de la protesta, entre un mundo objetivo construido por los amos y un mundo de la subjetividad popular que tiene como impulso las necesidades indispensables para el cumplimiento de un valor no realizado, en este caso, el de “la vida humana” y su riqueza”. Sin embargo, la satisfacción del valor señalado solamente podrá alcanzarse cuando la “necesidad humana” se exprese en “su más elevado objeto que es siempre otro ser humano considerado como fin y no como medio”.

Ante la pregunta ¿qué somos?, Roig señala que Martí responde por una pluralidad que expresa lo telúrico y lo sagrado, mas no se reduce tan solo a ello, puesto que al ser natural le viene su ser en el ejercicio propio de su historicidad. Frente al hombre natural está el dominador. Un conjunto simbólico cuya centralidad tiene que ver con la escritura de la justicia fijada y acumulada. La escritura se nos presenta así como un código frío y sin vida. Se trata de una “Contraposición evidente, en este caso, entre el habla coloquial del lenguaje campesino, expresión no perversamente mediatizada de una vida que sentimos como espontánea, frente al metalenguaje de los redentores bibliógenos, nacidos de los libros y productores de libros con los que pretenden justificar los códigos impuestos a la población latinoamericana por quienes han ido heredando el ejercicio de un poder injusto y, con el, la construcción de una eticidad de ese poder, a lo largo de los quinientos años de nuestra actual cultura”.

El saber como ejercicio de liberación

Roig rescata desde “los años crueles” – la historia reciente de Argentina y Latinoamérica - las circunstancias que a pesar de todo permitirían ver un impulso para el enriquecimiento de la subjetividad latinoamericana. En Palabras de regreso [8] y respecto de la situación de la universidad y la filosofía haciendo un “ejercicio del recuerdo” plantea la necesidad de “reestablecer con toda su majestad esa maltrecha justicia”, además de rechazar el arrinconamiento del saber y su cultivo: el agravio ocurrido contra la academia en cuanto al “clima de libertad y respeto sin la cual no hay avance en el saber”.

Siguiendo el curso de su reflexión, indica Roig específicamente para la filosofía, que esta tiene una tarea a partir de la relación con la libertad que viene desde sus orígenes diciendo: “que el ejercicio de esa libertad, que en filosofía es la puesta en marcha de una praxis teórica responsable por eso mismo crítica, sea un hecho. Sin este requisito no solamente no habrá filosofía, sino que no habrá institución universitaria”.

Vemos pues, que el papel de la filosofía está marcado por un ejercicio de libertad y este se manifiesta en una praxis teórica responsable. Tales características –que no pertenecen tan sólo a la filosofía, sino que se hacen necesarios a las demás formas del saber- son focalizadas por Roig en la filosofía como un carácter ejemplar en cuanto ejercicio de liberación. Referido a esto, nuestro autor comienza por tratar la separación meramente ideológica de teoría y praxis. Caso contrario, se arriesga a que “no pueda alcanzar su plenitud sin ser a la vez un “quehacer práctico” ”. Roig nos dice: “El filosofo o quien se precie de serlo o humildemente quiera serlo, deberá regresar al ágora, deberá reincorporarse valientemente a la ciudad” es decir, se nos habla acá de una “responsabilidad social y política”. Podríamos decir que Roig señala para la filosofía, no la búsqueda de un “mundo de sentido”, sino del “sentido del mundo”.

Con el miedo como escenario, la educación se torna vertical y formalista, guiada por los “guardianes del orden”. Sin embargo, es interesante observar el mecanismo de los reprimidos: “el reprimido le hace el juego al represor, en la medida en que se convierte, paradojalmente, en represor de sí mismo”. He ahí que la tarea de la liberación incluye también el “ámbito humano de cada uno”. Se tratará de desalojar el miedo personal, “la autorrepresión, la autolimitación, la renuncia”, tarea no fácil, puesto que el miedo hecho carne se instala de manera no conciente, por lo cual se hace necesario lo que Roig llama “un autoanálisis, que no será de una enfermedad individual, ni de la conciencia en cuanto conciencia moral”. Esta actitud tendrá que ser dialogal y crítica. Dialogal por el carácter social de quienes participan en ella y crítica en cuanto a tener como objeto la revisión de la racionalidad vigente. A la manera de Bacon, Roig llama a “desmontar ídolos”. Con esto se refiere fundamentalmente a la fuente de la irracionalidad: el miedo. Así la filosofía tiene un papel fundamental en esta tarea en cuanto “saber de sospecha y de denuncia, de sospecha en la maldad y denuncia en la perversidad”. Para esto ha de tratarse de un filosofar que salga de la universidad y que converse con aquellos aparentemente ajenos al quehacer señalado.

Desprendimiento, responsabilidad y compromiso

Lo antes señalado para la filosofía y la universidad, se funda en el valor de la responsabilidad individual y social, asuntos que Roig ve clarificados en el pensamiento de Sartre. Dos aspectos gravitan alrededor: primero, referido al sujeto mismo: si acaso se quiere ser real y plenamente responsable y segundo, referido a las condiciones externas: si acaso es posible en pleno, asumir la realidad de la responsabilidad.

Desde Sartre, se responde afirmativamente, clarificando a partir de dos fundamentos: la afirmación de “la prioridad de la existencia respecto de la esencia” y la denuncia respecto de “la tradición occidental en cuanto ella ha sido construida sobre un desplazamiento de la existencia”. Tales hechos están en relación con el terror de la contingencia, a partir del cual se construyen formas esencialistas para salvar la dificultad negando el campo de los valores de la existencia espontánea obstruyendo el despliegue del “constitutivo primario del ser humano”.

La situación descrita anteriormente nos ha llevado a una consecuencia: la reducción del “margen de creatividad, de juego pleno de humanidad”, los riesgos están domesticados. Consecuentemente, la responsabilidad en cierto modo se congela, se reduce a la práctica de fórmulas. Uno de los méritos de Sartre - al cual Roig señala como propietario de un “esfuerzo heroico” – ha sido el de desnudar la condición humana, mostrar a la intemperie la existencia en cuanto a priori por sobre la regularidad de un discurso osificador de ésta. Esto último, Sartre lo emprende desde el sujeto y su existencia. El filósofo francés llama a la “inmersión en la contingencia”. Tarea que Roig ve como un “dejarnos enfrentados a nosotros mismos”.

Sartre, dice Roig, propone “desprendernos de las armazones heredadas, de la “naturaleza humana” como un molde sobre los que se mide a los seres de carne y hueso, de lo establecido en cuanto pretendido “deber ser” desde el que se juegan una responsabilidad y un compromiso regulados por condiciones y normas externas”. Prosigue Roig: “si tal desprendimiento (dégagement) fuera posible – de hecho Sartre lo pone como condición de su sistema – nos encontraríamos ante la contingencia pura y nuestro juego de libertad sería radical. Únicamente desde aquel “desprendimiento” es posible un auténtico “compromiso” (engagement).”

Un proyecto de identidad.

“Y si la dictadura militar, en nombre del Estado, tronchó una generación, destruyó una juventud y provocó el exilio más grande de la historia patria, el plan económico que se inició con ella, continua profundizándose y llevando a otras generaciones a los márgenes de la vida y de la historia”. A Roig le parece que aún estamos de algún modo en el clima de aquel tiempo. Condición primordial de esto es el “olvido”. Obviamente a partir de intereses creados, se intenta acallar a su opuesto: “la memoria”. Es más, Roig ve entre ambos componentes cuando se muestran en oposición un dilema falso puesto que “la memoria” no es incompatible con la justicia y el ejercicio memorioso acompañado de ella no implica agravio, ni menos aun venganza” puesto que la memoria en su construcción pasa por “toda auténtica vida democrática”. Roig propone como lema para este asunto “memoria y justicia”.

Así mismo, considera como necesarias y derecho inalienable la construcción de historias alternativas frente a las oficiales. Esto último, se hace necesario en la medida que nos preocupamos por nuestra identidad, cuestión que no depende de una esencia, sino de una construcción constante en la medida de la necesidad del tiempo. En esta historicidad y autorreconocimiento está presente la posibilidad de responder a la circunstancia actual, sino ¿cómo habríamos de vivir? “¿vamos a dejar llevarnos por aquel desencanto o vamos a resignarnos a vivir en los resquicios que dejaría eso que llaman “Globalización”? ¿Nos plegaremos al discurso resignado, conformista, y en muchos casos, oportunistas y hasta cínicos de aquellos que han bajado los brazos porque en este mundo “fragmentado” vivir el desencanto es saludable?”.

Como respuesta a estas preguntas Roig llama a embarcarnos en un “proyecto de identidad social nacional y latinoamericano”. Existe todo un bagaje cultural y hereditario que posibilita esa esperanza. Roig propone como referente preferencial a los derechos humanos, su profundización y aseguramiento más allá del discurso político, construcción de “nuevas formas de convivencia humana y estructuras sociales, adecuadas a esos derechos”. Y por otra parte, dice algo que nos parece vital respecto del apropiamiento de la historia como “haber”, puesto que esta está hecha de necesidad y contingencia, posibilita que pongamos a “nuestro favor tanto la una como la otra”. El filósofo argentino llama a hacer esfuerzos comunitarios siguiendo el camino de la humanidad tras “sus propios ideales regulativos”. En ese sentido, el hacerse críticos parece sustancial a un logro de un “perfil propio”, dinámico y combativo desde una sociedad civil independiente. Junto a esto plantea la profundización del “poder de opinión” y la prensa libre. Todas conductas en relación con la lucha por una democracia en que haya justicia social y “los derechos humanos no sean palabras vanas” dejando de lado cualquier posibilidad de corrupción la que amenaza tanto en democracia como está presente en la tiranía.

A modo de conclusión

El tema de la identidad latinoamericana nos remite a una diversidad y pluralidad de naciones, grupos sociales, tradiciones, etc. En ese sentido se evidencia que la construcción de lo latinoamericano requiere del reconocimiento de lo múltiple. Solo así es concebible una unidad en nuestra tierra: unidad en la pluridiversidad.

Por otra parte, la captación del “nosotros” se produce siempre desde un horizonte de comprensión. El transcurso de la historia modifica los contextos, exigiendo de parte de quien los vive una recreación de modo que la herencia o la tradición -“el legado” según Roig- necesita una continua re-actualización. Del mismo modo una actitud de revisión respecto del sí mismo propio y sus condicionantes. Así entonces tenemos, considerando lo anterior, otro antecedente para un marco de acción. Antecedente que se nos presenta como pedagógico-axiológico en cuanto indica una orientación para ser y deber ser.

Eludiendo toda victimización, el autor propone la marginalidad como un espacio enriquecedor en que se producen creativamente acciones superadoras de la condición de postergación, respuestas que quiebran la construcción oficial de la realidad con su destino y que subyacen en la mayoría de los casos ignoradas. Es desde allí que se origina no solo la resistencia, sino también la posibilidad de pensar la utopía. La subjetividad latinoamericana entonces, desde Roig, tiene como piso el mundo marginal. Es desde allí, desde los necesitados – el sitio de la moralidad de la protesta - desde donde ha de surgir la confrontación y alternación al mundo de la ética del poder.

Es así que el sujeto postulado por Roig se constituye como respuesta desde una moralidad alterna a una eticidad estatuida. La moralidad es el ámbito de lo vivido, la existencia, en su variopinta realidad. Por el contrario, la eticidad dominante se constituye desde “la escritura”, en la pretensión de universalidad. Este conflicto es uno de los antecedentes básicos de la existencia latinoamericana, confrontación claramente señalada por la presencia de los amos y el “mundo de la subjetividad popular”.

El espacio en que debe desarrollarse las tareas superadoras de la situación, metafóricamente ha sido nombrado como “ágora”, es decir, la ciudad, lo social y lo político. También los saberes científicos e intelectuales deben constituirse comunitariamente en una actividad pedagógica participativa que extraiga riquezas a partir de la experiencia cotidiana. Junto a estas herramientas de liberación, tenemos que contar con que esta debe desarrollarse también como tarea individual. La fundamental acción respecto de lo personal es desalojar el miedo. Roig dice que en las condiciones actuales de la sociedad, el miedo se hace carne, es decir, se instala vitalmente en cada uno de nosotros, generando mecanismos a través de los cuales hacemos juego al poder dominante.

La responsabilidad y el compromiso son valores que se ejercen individual y socialmente, pero requieren para asumirlos cabalmente de una gran radicalidad. Esta debe contemplar como supuesto central el que no seamos seres definidos desde una esencia, sino más bien desde la existencia. Un punto de partida que debe considerarnos como una continua e inacabada construcción que deshiele las fórmulas respecto de nuestro deber ser en la tibieza de la “inmersión en la contingencia”. Esta situación humana señala una condición con la cual hay que contar siempre: La contingencia ocurre no externamente a nosotros, sino en y con nosotros. Así es que la tarea requiere el estar en continua modificación según nuestra lectura de la realidad, sabiendo que esta deviene y formamos parte de ella. El sujeto visto así es un continuo hacerse, llamado a liberarse de todo absoluto que no sea el del propio existir.

* Sergio Romero González es profesor de filosofía. Magíster mención Pensamiento Contemporáneo. Trabaja para el Departamento de Teología de la Universidad Católica del Norte, Sede Coquimbo, a orillas del mar pacífico en Chile, cuarta región.


[1] Este artículo tiene como base la investigación realizada entre el 2004 y 2005 con el patrocinio de ICALA, Intercambio Cultural Alemán-Latinoamericano.

[2] En nuestra investigación hemos intentado enlazar dos obras de Arturo Andrés Roig: Teoría y crítica del pensamiento latinoamericano y Ética del poder y moralidad de la protesta: La moral latinoamericana de la emergencia. Separadas en el tiempo por casi dos décadas, sin embargo articuladas plenamente.

[3] Borroneo que empieza a ser molesto para sectores conservadores y a requerir soluciones radicalmente represivas como el muro de los 600 kl. en la frontera de los EEUU. y México actualmente en construcción.

[4] Ética del poder y moralidad de la protesta: La moral latinoamericana de la emergencia.

[5] Homenaje en el CRICYT, Centro Regional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas, Universidad nacional de Cuyo.

[6] "¿Crees que he hecho mal en consagrar al estudio el tiempo que, por mi sexo, debería haber perdido como tejedora?".

[7] Etica y liberación: José Martí y el “hombre natural”en Op. cit.

[8] En recepción y homenaje a su retorno a la Universidad Nacional de Cuyo, después de su exoneración en dictadura. Op. Cit.


http://www.upoli.edu.ni/index.php?index=E6



Crates e Hiparquia
Roma, Museo Nazionale Romano (Museo delle Terme), Fresco de la Farnesina

Actividades

Sobre Crates e Hiparquia

También Hiparquia, hermana de Metrocles, se dejó llevar de los discursos de Crates: ambos eran naturales de Maronea. Agradábale tanto la vida y conversación de Crates, que ninguna ventaja de sus pretendientes, las riquezas, la nobleza ni la hermosura la pudieron apartar de su propósito, pues Crates era todas estas cosas para ella. (1)
Hallóse, pues, en un convite que dio Lisímaco, en que también estaba Teodoro, el apellidado Ateo, al cual propuso el argumento siguiente: «Lo que pudo hacer Teodoro sin reprensión de injusto, lo puede hacer Hiparquia sin reprensión de injusta; hiriéndose Teodoro a sí mismo no obró injustamente; luego tampoco Hiparquia obra injustamente hiriendo a Teodoro.» A esto nada opuso Teodoro, contentándose con tirarla de la ropa; pero ella no se asustó ni turbó como mujer, sino que como Teodoro la dijese:

¿Eres la que dejaste
la tela y lanzadera?

respondió: «Yo soy, Teodoro: ¿te parece, por ventura, que he mirado poco por mí en dar a las ciencias el tiempo que había de gastar en la tela?» Estas y otras muchas cosas se refieren de esta filósofa. (2)

Sobre Crates:
Demetrio de Magnesia dice que depositó su dinero en casa de un banquero con la condición de que lo diese a sus hijos si eran idiotas; mas en caso de ser filósofos, lo distribuyese al pueblo. (3)Decía que «se debe filosofar hasta tanto que los generales de ejército parezcan conductores de asnos». (5)
Como Alejandro le dijese si quería que se reedificase su patria, respondió: «¿Y para qué, si luego algún otro Alejandro la volverá a destruir?» (6)

Diógenes Laercio: Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres

http://ficus.pntic.mec.es/~wque0012/filantigua/siglo_V/06_actividades.htm

Damas del tiempo

  • Hiparquia y la “Reina Mora”

Enésimo homenaje de Navegaciones a François de Montcorbier:

Díganme, ¿dónde, en qué país
está Flora, la bella romana,
Hiparquia, o bien Thaís,
que fue su prima hermana,
Eco, que habla cuando se hace ruido
sobre el ríos y el estanque
y que belleza tuvo más que humana?
¿Dónde están las nieves de antaño?

¿Dónde está la sabia Eloísa
por quien fue castrado y después monje
Pedro Abelardo en Saint Denis
y que por su amor sufrió escarnio?
Asimismo, ¿dónde está la reina
que ordenó que Buridan
fuese echado en un saco al Sena?
¿Dónde están
las nieves de antaño?

Filósofa pionera

Doy por buena la interpretación de Dante Gabriel Rossetti, quien cuatro siglos después de escrita la Balada de las Damas de Antaño, identificó a la “Archipiades” mencionada por el autor como Hiparquia, contemporánea y “prima hermana”, en sentido figurado, de Thaís, cortesana ateniense que fue amante de Alejandro Magno. Hiparquia de Maronea (circa 300 a.C.), mujer bella entre las bellas, aguda como una navaja y pareja amantísima del cínico Crates. Procedente de una familia adinerada, esta joven se enamoró del filósofo hediondo y teporocho (“tipo harapiento de los barrios bajos de la ciudad de México”, dice el piadoso Gómez de Silva, dejando de lado las aficiones etílicas terminales que evoca este adjetivo) y amenazó a sus padres con suicidarse si no la entregaban a él. El propio Crates trató de evitar el desatino de su admiradora: “le advirtió que vivía como los perros, por las calles, y que buscaba huesos en los montones de basura; que nada de su vida en común sería ocultado y que la poseería públicamente cuando tuviera ganas, como lo hacen los perros con las perras”, escribió Vidas imaginarias. Pero la chava no desistía, así que Crates, quien “se había acostumbrado a las llagas y lo único que lamentaba era no tener un cuerpo lo suficientemente flexible como para podérselas lamer”, apeló a un recurso extremo: se plantó frente a ella, se despojó de sus harapos, le mostró su humanidad macilenta y le dijo: “Éste es el novio, ésta es su hacienda, delibera ante ésta situación; porque no serás mi compañera si no te haces con los mismo hábitos”. Pero Hiparquia porfió en su pasión, se consiguió unos trapos igual de sucios que los que el filósofo acababa de dejar en el suelo y, en lo sucesivo, ya no se despegó de Crates.

Iban juntos a los reventones de los pensadores, hacían el amor en público y entablaban feroces discusiones con otros filósofos. A uno de ellos, llamado Teodoro el Ateo, que la molestaba con observaciones misóginas, Hiparquia le asestó un sofisma sangriento: lo que no sería considerado un delito si lo hiciera Teodoro, tampoco será considerado delito si lo hace Hiparquia; Teodoro no comete delito si se golpea a sí mismo, luego tampoco lo comete Hiparquia si golpea a Teodoro. “Parece que esta Hiparquia –prosigue Schwob-- fue buena y compasiva con los pobres. Acariciaba a los enfermos; lamía sin la menor repugnancia las heridas sangrantes de los que sufrían, convencida de que eran para ella lo que las ovejas son para las ovejas. Si hacía frío, Crates e Hiparquia se acurrucaban con los pobres y trataban de trasmitirles el calor de sus cuerpos. No sentían ninguna preferencia por los que se acercaban a ellos. Les bastaba con que fueran hombres.”

“Tanta fue la devoción y el entusiasmo con el que se entregó a la filosofía, que los cínicos, cuando murió, instituyeron en su recuerdo una fiesta que se celebraba anualmente en Atenas, en la Stoa Poikíle (el Pórtico Decorado), con el nombre de Kynogámia o día de la incorporación de la mujer al mundo de la filosofía cínica”, cuenta, por su parte, el ensayista argentino Arturo Andrés Roig. Recordada seas, filósofa pionera, bella de antaño, Dama del Tiempo.

Tuve la idea de dedicar una o dos columnas a algunas mujeres de antaño (reales o míticas) por la súbita presencia, en el panorama noticioso de hace unos días, de la enigmática Dama de Elche, de la terrible Sekhmet y de Nefertiti, la del cuello de gacela. Las estrofas de Villon citadas al principio aportan además los nombres de Eco, Eloísa (en orden alfabético, no sean celosas) y la alusión (la reina que ordenó echar a Buridan al Sena) a Margarita de Borgoña, esposa de Luis X, y de la cual ya me había ocupado, creo, en febrero del año pasado. Pequeño misterio: la columna correspondiente (“Extrapolaciones y burros”), que según mis registros tendría que estar en el ejemplar de La Jornada del 3 de febrero de 2005, desapareció de Internet y no he logrado dar con ella. Sé que no la soñé, porque tengo completo el archivo en Word, además de las ilustraciones correspondientes; tal vez la escribí y no la mandé nunca. Si alguien recuerda haberla leído, le agradecería enormemente que me sacara de la duda. Pero sigamos con otra de las hermosas.

“Los labios conservan también restos de su color rojo. Está hecha de caliza fina, amarillenta y la cara tiene el color natural de esta piedra, probable color natural de su tez”. Dos mil quinientos años después de haber recibido su maquillaje original, la Dama, descubierta en 1897 en el lugar que los árabes llamaban Alcudia y los romanos Illici Augusta Colonia Julia, todavía ostenta la marca del lápiz labial, y se apresta a volver a su terruño después de haber vivido en París (Museo del Louvre) y Madrid (museos del Prado y Arqueológico). En 1941, en vísperas de la invasión alemana a Francia, los regímenes de Pétain y de Franco negociaron la vuelta de la Dama a tierras españolas; a cambio, el Criminalísimo dio al traidor francés un cuadro de Velázquez y otro de Murillo. El pasado 19 de enero la ministra española de Cultura, Carmen Calvo, anunció que la Dama iría de visita a Elche, ciudad alicantina (Valencia) de tres nombres (Illici en latín, Elche en árabe, Elx en valenciano), en donde será exhibida a partir del 18 de mayo en el Castillo de Altamira, sede del Museo Arqueológico y de Historia


De vuelta a casa

"La Reina Mora", la llamaron sus descubridores accidentales a fines del siglo antepasado, ignorando su origen ibérico. Este queda claro si se observa a la señora a la luz de lo escrito por Artemidoro de Éfeso, quien hacia el año 100 a.C. viajó por las costas de la actual España y contó que “algunas mujeres ibéricas llevaban collares de hierro y grandes armazones en la cabeza, sobre la que se ponían el velo a manera de sombrilla, que les cubría el semblante. Pero otras mujeres se colocaban un pequeño tympanon alrededor del cuello que cerraban fuertemente en la nuca y la cabeza hasta las orejas y se doblaba hacia arriba, al lado y detrás”.

http://navegaciones.blogspot.com/2006/03/damas-del-tiempo.html

Santa
Hiparquia

Filósofa cínica
Maronea (Tracia) circa 346 a.n.e. - Maronea? circa 300 a.n.e.

Hiparquia o Hiparquía de Maronea fue la primera mujer que pasó a la historia de la filosofía, y así, la primera mujer de la historia que se puede considerar como libre. Seguramente tendría alrededor de 15 años cuando decidió adoptar el manto Cínico. Es muy posible que fuera introducida en la filosofía por su hermano Metrocles, que había sido alumno del Lyceum de Aristóteles y más tarde seguidor de Crates. La mayor parte de la información que se tiene sobre Hiparquia viene de escritos de autores bastante posteriores a ella, especialmente de Diógenes Laertes; el cual indica que Hiparquia escribió diversas cartas y tratados filosóficos ahora perdidos. Sin embargo Diógenes sí transmitió gran cantidad de historias y anécdotas sobre la filósofa.

Parece que Hiparquia deseó tan fuertemente casarse con Crates, que amenazó con suicidarse antes que vivir de otra manera. Aunque Crates era bastante mayor que Hiparquia, ésta rechazó otros pretendientes porque estaba enamorada de los discursos y la manera de vida de Crates, y así se dice que Hiparquia fue capturada por el logos de los Cínicos. Crates trató de disuadir a Hiparquia de su idea de casarse con él presentándose desnudo ante ella y anunciando "este es el novio, y éstas sus posesiones". De todas formas Hiparquia eligió casarse con Crates y compartir su búsqueda de la filosofía.

La decisión de convertirse en Cínica era tremendamente sorprendente para una mujer. Los Cínicos no tenían ninguna consideración por las instituciones convencionales, y tenían un modo de vida extremadamente duro. Trataban de vivir "de acuerdo a la naturaleza", rechazando cualquier artificio social, y desde luego todo lujo o bienes no absolutamente necesarios para la supervivencia. No tenían posesiones, llevando lo que necesitaban exclusivamente en un bolso, además de su manta o capa. Incluso el propio matrimonio de Crates e Hiparquia fue inusual, ya que, según las teorías cínicas el matrimonio no era una institución respetada. Crates e Hiparquia ejercieron el característico rasgo cínico de desprecio a lo convencional, despreciando en este caso el convencional desprecio de los propios cínicos, llevando al extremo el lema de su escuela: parakrattein to nomismata (cambia la moneda) adoptado por el maestro de los Cínicos Diógenes de Sinope.

De todas formas, este matrimonio no iba a ser de ninguna manera convencional, y Crates e Hiparquia consumaron su matrimonio haciendo el amor en un portal público. Sea o no cierta la historia, lo seguro es que ambos destacaron por llevar vidas en todos sus aspectos de acuerdo al principio cínico de anaideia (falta del sentido del ridículo). Con su acto público, reforzaron la enseñanza Cínica por la cual cualquier acción suficientemente virtuosa como para llevarse a cabo en privado, no sería menos virtuosa en público. El mayor ejemplo de práctica de la anaideia fue el discípulo de Hiparquia y Crates, Zenón de Citio, fundador del Estoicismo. Zenón abogó por la igualdad de sexos y el amor libre. La escuela Estoica no es, en la base, muy distinta a la Cínica.

Parece también que Hiparquia y Crates tuvieron al menos un hijo, Pasicles, educado y criado desde su nacimiento según los valores del Cinismo. Según Eratóstenes y Diógenes Laertes, Hiparquia no abandonó su vida de ejercicio durante todo su embarazo, y cuando nació Pasicles, le lavaba en la concha de una tortuga con agua fría; y en ningún caso cambió su austera dieta.

Hiparquia alcanzó fama sobre todo por sus intercambios dialécticos con Teodoro el Ateísta, un filósofo de Cirene, el cual había cuestionado la legitimidad de la presencia de una mujer en un Symposium. Hiparquia acudía regularmente a todas las reuniones de filósofos en las que participaba Crates. Según Diógenes Laertes, Teodoro recitó un verso de Las Bacantes de Eurípides preguntando si era ella la que había abandonado el telar, el tejido y la aguja. Hiparquia respondió que en efecto era ella, pero preguntó entonces a Teodoro si ella había hecho mal al pasar su vida dedicándose a su propia educación en lugar de tejiendo para su marido. En la Grecia Antigua, una mujer de la posición de Hiparquia se hubiera ocupado de las labores de tejeduría y de organizar a los sirvientes de la casa; así el rechazo de Hiparquia por lo que se esperaba convencionalmente de una mujer era absolutamente radical.

Diógenes también deja constancia del famoso Silogismo que Hiparquia utilizó para acallar completamente a Teodoro: Premisa uno: Cualquier acción que no sería llamada equivocada si la hace Teodoro, no sería llamada equivocada si la hiciera Hiparquia.
Premisa dos: Ahora bien, Teodoro no comete falta si se golpea a sí mismo.
Conclusión: Por lo tanto, tampoco comete falta Hiparquia si ella golpea a Teodoro.
Éste es el ejemplo clásico de la retórica Cínica: un silogismo deliberadamente cómico que, sin embargo, produce una verdad importante. Cuenta Diógenes que Teodoro, al no tener respuesta para Hiparquia, trató de arrancarle su capa para avergonzarla, desnuda, en público. Pero Hiparquia no mostró señal alguna de alarma ni perturbación que hubiera sido lógica en una mujer, pues su anaideia era inmutable.

Enlaces e Información detallada:
Hipparchia - The World's First Liberated Woman
Hiparquia en The Internet Encyclopedia of Philosophy


http://humano.ya.com/YakovPerelman/hum0201.htm

HIPARQUIA DE TRACIA

Hiparquía nació en la ciudad de Tracia en el siglo II a.C. y fue una de las primeras filósofas, perteneciente a la escuela de los cínicos, junto a su hermano Metrocles y su esposo Crates. Su familia era de la acomodada aristocracia, y por ello le impidieron vivir en las condiciones de la escuela cínica.

Se enamoró del cínico Crates, pero su familia impidió el matrimonio. Entonces Hiparquía amenazó con suicidarse si no se casaba con su amado, a lo que Crates la intentó disuadir, mostrando sus defectos físicos ( era jorobado ). Pero Hiparquía le adoraba aún así, y entonces Crates un día se presentó en su casa, con toda la familia de Hiparquía, y allí mismo de quitó la túnica y desnudo le dijo, que eso era todo lo que podía ofrecerle. Hiparquía hizo lo propio y se marcharon juntos, casándose más tarde.

Teodoro el Ateo se reía de Hiparquía, y un día le preguntó porqué no se dedicaba a tareas propias de su sexo. Ella, consciente de la revolución que podía desencadenar su respuesta, le contestó: "¿ Crees que he hecho mal en consagrar al estudio el tiempo que, por mi sexo, debería haber perdido como tejedora ?".

Sobre este hombre Hiparquía escribió el libro Cuestiones de Teodoro el Ateo.


http://ateneavictoriosa.spaces.live.com/blog/cns!D4B0C8E513C731EB!1919.entry
Crates
Cínico
[Cuento. Texto completo]

Marcel Schwob

Nació en Tebas, fue discípulo de Diógenes y además conoció a Alejandro. Su padre, Ascondas, era rico y le dejó doscientos talentos. Un día en que fue a ver una tragedia de Eurípides se sintió inspirado ante la aparición de Telefo, rey de Misia, vestido de harapos y con una cesta en la mano.

Se levantó en medio del teatro y en voz alta anunció que distribuiría los doscientos talentos de su herencia a quien los quisiera, y que en adelante le bastarían las ropas de Telefo. Los tebanos se echaron a reír y se agolparon frente a su casa. Sin embargo, Crates se reía más que ellos. Arrojó su dinero y sus muebles por las ventanas, tomó un manto de tela, unas alforjas y se fue. Llegó a Atenas y anduvo al azar por las calles, y a ratos descansaba apoyado en las murallas, entre los excrementos. Practicó todo lo que aconsejaba Diógenes. El tonel le pareció superfluo. Crates opinaba que el hombre no es un caracol ni un paguro. Se quedó completamente desnudo entre las basuras y recogía cortezas de pan, aceitunas podridas y espinas de pescado para llenar sus alforjas. Decía que sus alforjas eran una ciudad vasta y opulenta donde no había parásitos ni cortesanas, y que producía en cantidades suficientes, tomillo, ajo, higos y pan, que satisfacían a su rey. Así Crates llevaba su patria a cuestas, que lo alimentaba.

No se inmiscuía en los asuntos públicos, ni siquiera para burlarse, y tampoco le daba por insultar a los reyes.

Desaprobó la broma de Diógenes. Diógenes un día había gritado: "¡Hombres, acérquense!", y los que se habían acercado los golpeó con su bastón y les dijo: "Llamé a hombres, no a excrementos". Crates se mostró tierno con la gente. Nada lo preocupaba. Se había acostumbrado a las llagas. Lo único que lamentaba era no tener un cuerpo lo suficientemente flexible como para podérselas lamer, como hacen los perros. Deploraba también la necesidad de ingerir alimentos sólidos y beber agua. Pensaba que el hombre debía bastarse a sí mismo, sin ninguna ayuda exterior. Al menos no iba en busca de agua para lavarse. Si la mugre lo incomodaba, se contentaba con frotarse contra las murallas pues había observado que no de otro modo proceden los asnos. Poco hablaba de los dioses: no le importaban. Qué más le daba que hubiera o que no hubiera dioses si sabía que no podían hacerle nada. En todo caso, les reprochaba que hubieran hecho deliberadamente desdichado al hombre al ponerle la cara en dirección al cielo y privarlo de la facultad que poseen la mayor parte de los animales, que andan a cuatro patas. Ya que los dioses han decidido que para vivir hay que comer, pensaba Crates, tenían que poner la cara del hombre mirando al suelo, que es donde crecen las raíces: nadie podía subsistir de aire o de estrellas.

La vida no fue generosa con él. A fuerza de exponer sus ojos al polvo acre del Ática, contrajo legañas. Una enfermedad desconocida de la piel lo cubrió de tumores. Se rascó con sus uñas, que no cortaba nunca, y observó que sacaba un doble provecho, puesto que al mismo tiempo que las usaba sentía alivio. Sus largos cabellos llegaron a parecerse a un fieltro tupido, y se las arregló de modo que lo protegieran de la lluvia y el sol.

Cuando Alejandro fue a verlo, no le dirigió palabras mordaces sino que lo consideró uno más entre los espectadores, sin hacer ninguna diferencia entre el rey y la muchedumbre. Crates carecía de opinión sobre los poderosos. Le importaban tan poco como los dioses. Sólo los hombres lo preocupaban, y la forma de pasar la vida con la mayor sencillez posible. Las censuras de Diógenes le causaban risa, lo mismo que sus pretensiones de reformar las costumbres.

Crates se consideraba muy por encima de tan vulgares preocupaciones. Transformaba la máxima inscrita en el frontón del templo de Délfos, y decía: "Vive tú mismo". La idea de cualquier conocimiento le parecía absurda. Sólo estudiaba las relaciones de su cuerpo con lo que éste necesitaba, tratando de reducirlas al máximo. Diógenes mordía como los perros, pero Crates vivía como los perros.

Tuvo un discípulo llamado Metrocles. Era un rico joven de Maronea. Su hermana Hiparquia, bella y joven, se enamoró de Crates. Hay testimonios de que se sintió atraída por él y de que fue a buscarlo. Parece imposible, pero es cierto. No le repugnaba ni la suciedad del cínico, ni su absoluta pobreza, ni el horror de su vida pública. Crates le previno que vivía como los perros, por las calles, y que buscaba huesos en los montones de basura. Le advirtió que nada de su vida en común sería ocultado y que la poseería públicamente cuando tuviera ganas, como lo hacen los perros con las perras. A Hiparquia no le extrañó. Sus padres trataron de retenerla: ella amenazó con matarse. Entonces abandonó el pueblo de Maronea, desnuda, con los cabellos sueltos, cubierta sólo con un antiguo lienzo, y vivió con Crates, vestida como él. Se dice que tuvieron un hijo, Pasicles; pero no hay nada seguro al respecto.

Parece que esta Hiparquia fue buena y compasiva con los pobres. Acariciaba a los enfermos; lamía sin la menor repugnancia las heridas sangrantes de los que sufrían, convencida de que eran para ella lo que las ovejas son para las ovejas. Si hacía frío, Crates e Hiparquia se acurrucaban con los pobres y trataban de trasmitirles el calor de sus cuerpos. No sentían ninguna preferencia por los que se acercaban a ellos. Les bastaba con que fueran hombres.

Eso es todo lo que nos ha llegado de la mujer de Crates; no sabemos cuándo ni cómo murió. Su hermano Metrocles admiraba a Crates, y lo imitó. Pero no vivía tranquilo. Continuas flatulencias, que no podía retener, perturbaban su salud. Se desesperó y decidió morir. Crates se enteró de su desgracia y quiso consolarlo. Comió una buena porción de altramuces y se fue a ver a Metrocles. Le preguntó si era la vergüenza de su enfermedad lo que tanto lo afligía. Metrocles confesó que no podía soportar su desgracia. Entonces Crates, hinchado por los altramuces, soltó unos cuantos gases en presencia de su discípulo y le afirmó que la naturaleza sometía a todos los hombres al mismo mal. Luego le reprochó que hubiese sentido vergüenza de los demás y le propuso su propio ejemplo. Soltó después unos cuantos gases más, tomó a Metrocles de la mano y se lo llevó.

Ambos anduvieron mucho tiempo juntos por las calles de Atenas, sin duda con Hiparquia. Hablaban muy poco entre ellos. No tenían vergüenza de nada. Aún cuando revolvían en los mismos montones de basuras, los perros parecían respetarlos. Cabe pensar que si los hubiera acuciado el hambre, se habrían acometido unos a otros a dentelladas. Pero los biógrafos no refieren nada por el estilo. Sabemos que Crates murió viejo, que terminó por quedarse en un mismo sitio, recostado bajo el cobertizo de un almacén del Pireo donde los marineros guardaban fardos, que dejó de vagar en busca de algo que roer, que ya ni siquiera quiso extender el brazo y que un día lo encontraron consumido por el hambre.

FIN


http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/fran/schwob/crates.htm

Política

La Politica se creó para tener ocupados a quienes no piensan.

> cinicos > personajes...

Dedicamos esta página a los principales filósofos cínicos: Antístenes, Diógenes de Sinope, Crates de Tebas, Metrocles e Hiparquia de Maronea, Onesícrito de Astipalea, y otros cínicos menos conocidos. Finalmente exponemos, solo en números, el catálogo integral de cínicos de M.-O-Goulet-Cazé.

Antístenes

Antístenes fue el prototipo de sabio austero y solitario, con una confianza radical en el ser humano individual y una desconfianza total en las instituciones de cualquier clase.

Fue uno de los filósofos más relevantes de su época, discípulo directo de Sócrates, tuvo a su vez una influencia decisiva en algunas de las escuelas que se formaron en este periodo, tanto por sus teorías, como por su actitud y su forma de vida. Es considerado como el precursor de la escuela cínica a través de Diógenes y de Crates, y también de la escuela estoica a través de otro de sus seguidores, Zenón de Citio.

Antístenes nació en Atenas, entre los años -450 y -445 y murió en al año -366 (fechas aproximadas dependiendo de las fuentes). Participó en la batalla de Tanagra, con unos 20 años, de ahí la posible datación de su nacimiento. Su padre fue un ciudadano ateniense y su madre una esclava tracia, este mestizaje le impedía conseguir la ciudadanía ateniense, pero no parece que esto le importunara demasiado, incluso ironizaba al respecto diciendo que también la madre de los dioses era extranjera.

Comenzó su andadura filosófica como discípulo del famoso sofista Gorgias, que como todo sofista cobraba por enseñar, por lo cual se podría deducir que Antístenes o bien gozaba de una posición económica desahogada o que él mismo ejercía de sofista y cobraba por esto. En este mismo tiempo se inició también en los misterios órficos. Sin embargo, su principal aprendizaje fue con Sócrates, de quien se hizo discípulo y amigo hasta la muerte de éste.
Antístenes estuvo presente en uno de esos raros momentos estelares de la filosofía como fué la muerte de Sócrates, mientras discutían sobre la inmortalidad del alma y esperaban a que llegaba el momento de beber el veneno que le causaría la muerte.
La tranquilidad del viejo maestro en tan decisivos momentos causó una profunda impresión en todos los que estaban allí presentes y es muy probable que esto influyera en la insistencia posterior de Antístenes en la ataraxía.

Un buen día Antístenes decidió prescindir de todo lo superfluo y fundar su propia escuela. Lo hizo en un gimnasio en las afueras de Atenas llamado cinosarges, que quiere decir el perro blanco (perro raudo o veloz, según otras versiones), dando lugar a la duda de si de esta circunstancia deriva el nombre de la escuela cínica. El cambio es tan radical que se manifiesta también externamente, viste ahora un manto, un zurrón y un bastón, indumentaria que se convierte en el uniforme del cínico. Prescinde de una manera decisiva de todo lo que no puede llevar encima, con la intención de librarse de los caprichos de la fortuna y regir su propio destino.
El objetivo es alcanzar la felicidad y esto se consigue si uno depende solo de sí mismo. Lo fundamental para el cínico es la autarquía, es decir la independencia de todo condicionamiento exterior, la autosuficiencia, que puede aprenderse pero que requiere un esfuerzo. Antístenes pone como ejemplo al héroe Heracles (Hércules). Atrás queda todo aquello que considera que ya no le pertenece al sabio, la familia, el dinero, la fama y sobre todo sus antiguos pensamientos. En cierta ocasión afirmó que la mayor dicha era sin duda, morir feliz.

Antístenes vivía según su propia ley, la que él mismo eligió para sí, de acuerdo con la areté personal que libremente asumió. Las leyes establecidas, las convenciones sociales no eran para este sabio, que como todos los cínicos despreciaba las normas, las instituciones, las costumbres y todo lo que representa una atadura para el hombre. Predicaba una vuelta a la naturaleza como revulsivo a la domesticación social y cultural que se imponía en las ciudades. Poseía una amplia cultura y escribió numerosos libros, Diógenes Laercio los agrupa en 10 volúmenes y nos da el título de casi 60 escritos, de los cuales actualmente tan solo se conservan 2 breves fragmentos (Sobre Ayax y Sobre Ulises).

Diógenes de Sinope

La figura de Diógenes enseguida pasó a ser una leyenda de provocación y la imagen del sabio cínico por excelencia, de aspecto descuidado, burlón y sarcástico.

Su forma de vida perruna, su estilo agresivo, su comportamiento siempre en contra, le diferencian sin confusiones. Vivía en un tonel, buscaba a plena luz del día con un candil, nada menos que al hombre, se masturbaba en público, comía carne cruda, escribía libros a favor del incesto y del canibalismo. Si alguien es el prototipo de transgresor, ese es Diógenes de Sinope.

Nació en Sinope (Asia Menor) entre los años -413 y -400 y murió en Corinto en el año -323. Este mismo año es probable que murieran también Aristóteles y Alejandro Magno. Su padre era banquero y cuenta Diógenes Laercio que un buen día decidió consultar al oráculo y recibió como respuesta "invalidar la moneda en curso", que como todas las respuestas de los oráculos era enigmática. Dicha respuesta tenía al menos tres sentidos: falsificar la moneda, modificar las leyes o transmutar los valores. Diógenes no quiso elegir e hizo las tres cosas, el resultado fue la expulsión y el destierro de Sinope. Ellos me condenan a irme y yo les condeno a ellos a quedarse, fue su irónico comentario. Forzado por estas circunstancias deambuló por Esparta, Corinto y Atenas, en esta ciudad frecuentó el cinosarges y se hizo discípulo de Antístenes, optó por llevar una vida austera y adoptó la indumentaria cínica, como su maestro.

Desde sus comienzos en Atenas mostró un carácter apasionado, llegando Platón a decir de él, que era un Sócrates que había enloquecido. Pone en práctica de una manera radical las teorías de su maestro Antístenes. Lleva al extremo la libertad de palabra, su dedicación es criticar y denunciar todo aquello que limita al hombre, en particular las instituciones. Propone una nueva valoración frente a la valoración tradicional y se enfrenta constantemente a las normas sociales. Se considera cosmopolita, es decir, ciudadano del mundo, en cualquier parte se encuentra el cínico como en su casa y reconoce esto mismo en los demás, por tanto en mundo es de todos.

La leyenda cuenta que se deshizo de todo lo que no era indispensable, incluso abandonó su escudilla cuando vio que un muchacho bebía agua en el hueco de las manos. Conoció a algunos de los filósofos y gobernantes de la época, se cuenta la anécdota de que estando un día en las afueras de Corinto, se le acercó a Alejandro Magno y ofreció concederle lo que quisiera, a lo que el filosofo respondió simplemente: apártate a un lado que me quitas el sol. Esta anécdota pretende reflejar claramente que el sabio no necesita nada de los poderosos, que está por encima de las riquezas materiales y de la ambición del poder. Esta actitud crea una radical separación con los políticos. Todo esto es posible pero se necesita un duro entrenamiento (ascesis). Diógenes, como todos los cínicos recomienda el entrenamiento para adquirir la areté, ejercitarse tanto física como mentalmente para endurecerse y llegar a la impasibilidad y a la autosuficiencia. La independencia se consigue con el esfuerzo, como el viejo héroe Heracles, que sirve de ejemplo a los cínicos, porque vive conforme a su propia valoración de las cosas y no según normas ni convenciones impuestas desde fuera. Escribió algunos libros, que se han perdido, pero todos los indicios hacen suponer que eran de carácter breve y en forma de máximas o sentencias agudas e irónicas, según sus comentaristas.

Su muerte, como no podía ser de otra manera, también es motivo de anécdotas. Según algunos murió por su propia voluntad, suicidándose mediante la "contención del aliento", dueño de su destino y del momento de su muerte. Según otros murió de las mordeduras de un perro, esta vez de los de cuatro patas o de una indigestión por comer pulpo crudo.

Cuentan también, pero esto ya es otra historia, que aún resuena el eco de las carcajadas del sabio de vez en cuando y que sus amigos levantaron un monumento en su honor, que consistía en una columna coronada por un perro de mármol.

Crates de Tebas

Crates era un ciudadano adinerado y de buena posición social, que renunció a toda su fortuna para hacerse filósofo cínico. Fue discípulo de Diógenes y maestro de Zenón de Citio, el que luego fundara una de las tendencias más importantes de la filosofía antigua, el estoicismo.

Crates, a diferencia de su maestro, era un hombre amable y tranquilo, que le valió el sobrenombre de "el filántropo", así como el de "abrepuertas" porque la gente le llamaba a sus casas para pedirle consejo y charlar con él. Nació en Tebas aproximadamente en el año -368, pero enseguida se marchó a Atenas, para hacerse seguidor de Diógenes, murió hacia el año -288. Como todos los cínicos predicaba la autarquía y la sencillez dando ejemplo con su vida y sus actos, y aunque de estilo menos agresivo que sus predecesores, su actitud es la misma que los demás.
Para Crates la filosofía le libera de su esclavitud externa, en cuanto a la familia, la propiedad o las contumbres sociales y le libera también de esclavitud interna, de sus opiniones, manteniendo su radical libertad individual. Para conseguir vivir feliz, es suficiente con lo mínimo, es esencial la frugalidad y la distancia con las instituciones y las leyes. Crates escribió bastantes obras de literatura en las que consiguió mantener un buen nivel y además las escribió casi siempre en verso, sus obras consisten en una mezcla de poemas medio broma y medio serio, y parodias que escondían mensajes éticos.
Pretendía propagar los principios de Diógenes, de una manera atractiva, y probablemente de esta manera consiguió llegar a una audiencia bastante amplia. Protagonizó uno de los escándalos mas curiosos de la filosofía antigua: su historia de amor con Hiparquia, filósofa cínica como él.

Metrocles e Hiparquia de Maronea.

Fueron dos hermanos que provenían de una familia rica de Maronea.
Metrocles tuvo desde muy temprano inquietudes filosóficas y gracias a que tenía bastante dinero pudo dedicarse a ello sin problemas. Fue discípulo de Teofrasto y luego también de Jenócrates. Pero no se sintió satisfecho hasta que encontró a Crates y se hizo discípulo suyo y abandonó sus pertenencias. Fue conocido como un experto en la anécdota breve, con ánimo de memorizar y utilizar como guía. Poco más se sabe de su vida, salvo que por su mediación, su hermana Hiparquia conoció a Crates del que se enamoró pero al principio este amor no fue correspondido y ante esta situación le amenazó con suicidarse, al final y en contra de las normas sociales de la época mantuvieron una relación cínica, que incluía el mantenimiento de relaciones sexuales en público.

Hiparquia es una de las pocas mujeres filósofas de la antigüedad (aunque no la única), y desde luego fue la única cínica. La dureza de tener que abandonar todas sus pertenencias, vestir el manto cínico, llevar una vida como la de sus compañeros y ser uno más no debió ser nada fácil, dadas las costumbres de la época. Sin embargo su relación con su Crates, resultó ser de lo más cordial y compartían todo de igual a igual, incluido la filosofía.

Onesícrito de Astipalea.

Su vida transcurrió aproximadamente entre los años -380 a -300. Fue otro de los discípulos importantes de Diógenes y el más viajero. Acompaño a Alejandro Magno en una expedición la India, donde entró en contacto con los gimnosofistas hindúes, a los que define como sabios o santones medio desnudos y a los que comparó con los cínicos griegos. Su vida no fue la un auténtico cínico al estilo de sus predecesores, pero su actitud y la propagación del cinismo hizo que Diógenes Laercio le incluyera en su libro y su nombre figure en cualquier lista de cínicos.

Otros cínicos menos conocidos.

Diogenes Laercio aún menciona a otros tres filósofos en la lista de cínicos y a los que trata más brevemente: Mónimo de Siracusa, que fue discipulo de Diógenes, Menipo de Gadara, discípulo de Crates, Menedemo de Lampsaco y dos más en otras partes de su libro: Bión de Boristenes (-335 a -245) que fue vendido como esclavo, y acabó en Atenas estudiando filosofía con Crates y Estilpon de Megara (-360 a -280) que pasó por la escuela cínica (es probable que fuera alumno de Diógenes) y por la megárica donde llegó a encabezarla.

De los filósofos posteriores a Diógenes Laercio, solo destacaremos a Luciano de Samosata que fue una mezcla de cínico y de epicúreo, escribió numerosa obras, casi todas de carácter satírico, así como diálogos en algunos de los cuales intervienen filósofos cínicos.

Catálogo integral de filósofos cínicos conocidos.

M.-O.Goulet-Cazé, en un excelente trabajo, ha elaborado un catálogo integral de los cínicos conocidos, con un pequeño resumen de cada uno de ellos, dispuestos en 8 grupos: 83 cínicos cuya autenticidad histórica está comprobada, 14 cínicos anónimos, 10 personas cuya vinculación con el cinismo es incierta, 31 cínicos de las pseudoepigráficas Epístolas cínicas, 13 cínicos casi con seguridad ficticios, pero que aparecen en la literatura, 1 cínico por equivocación, 4 personas que no fueron cínicas, pero a las que se conocía como perros, y por último varios títulos en los que aparece la voz perro.

http://www.cinicos.com/ci03.htm

Ética del poder y moralidad de la protesta:
La moral latinoamericana de la emergencia*

"HIPARQUIA, LA PRIMERA FILÓSOFA GRIEGA"


(Palabras con motivo del día universal de la mujer)

El día de hoy es ocasión interesante para preguntarnos acerca de la mujer como integrante del mundo de la producción científico-tecnológica.

¿Es suficiente para que ella pueda cumplir con tareas de investigación científica o de apoyo a la investigación, que se le abran las puertas de las universidades y se le aseguren después tanto posibilidades laborales como de crecimiento intelectual?

La respuesta es que no. Además de eso, que ya se ha producido y con un volumen considerable, hay otras cosas que son tanto o más importantes que accesos más o menos fáciles a las instituciones.

Concretamente queremos referirnos a la necesidad que hay de llevar adelante un desmantelamiento de prejuicios, de sentimientos y, en fin, de ideologías, que hacen que aun cuando institucionalmente la mujer tenga ya asegurado el ingreso en los aparatos de ciencia y tecnología, esas puertas sigan todavía cerradas.

De este modo la lucha de la mujer por el lugar que debe tener en el desarrollo de la sociedad humana y en particular en este campo que nos interesa, el de la ciencia y de la tecnología, ha de estar acompañada de una permanente puesta en cuestión de los estereotipos desde los cuales aún se define a la persona femenina y su papel.

No se ha de olvidar que hasta hace muy poco, la investigación científica era tarea de hombres y no de mujeres. Que las mujeres han ingresado inicialmente como personal de apoyo, más que como personal investigativo. Que los centros regionales fueron hechos para varones y no para mujeres.

¿Ejemplos? Pues ahí tenemos el nuestro. Habrán de saber Uds. que cuando se planteó la posibilidad de organizar nuestro Jardín Maternal, hubo quienes se extrañaron. No entraba en la estructura de nuestro Centro tal organismo. Mejor dicho, no entraba en la estructura mental de muchos, que tal institución formara parte de nuestro CRICYT. Felizmente ahí está y con él nuestras mujeres, o por lo menos un conjunto significativo de nuestras compañeras mujeres, han comenzado a descubrir que también la ciencia se puede hacer, integrando aspectos inevitables a la cotidianidad femenina, a la tarea del laboratorio o del escritorio.

Con ese mismo espíritu y con el apoyo también de colegas mujeres iniciamos la formación de una Biblioteca Femenina y hemos impulsado a la formación de una mesa de lectura, de un club o como se le quiera llamar, destinado al aprovechamiento de esa Biblioteca que muy probablemente sea una de las pocas, lamentablemente, en nuestro medio.

En fin, aquí estamos reunidos y reunidas, para solidarizarnos con una realidad que recién desde no hace muchos años ha comenzado a ser descubierta en todos sus alcances: la marginación de la mujer y los medios de control, muchos de ellos no conscientes, con los cuales se mantienen las formas diversas de disminución de la persona femenina, de separación y por cierto de explotación. No olvidemos que si un obrero es explotado, él lamentablemente explota a su mujer y que en la escala de seres humanos marginados, la mujer, aun la de las clases altas, es siempre la que ocupa el segundo lugar.

Habíamos hablado antes de la necesidad de desmontar estereotipos. Tarea improba, pero no por eso irrealizable. Una literatura pasmosa pesa sobre la figura de la mujer. Una literatura de siglos, que aún se mantiene lozana y vigente en todo aquello que confirma esa situación de desigualdad y de injusticia.

Terminaré recordando a una antiquísima mujer, la única que figura como filósofa en un también antiguo libro y muy célebre que lleva por título Vidas, opiniones y sentencias de varones ilustres, escrito por Diógenes Laercio en la Antigüedad Clásica. Me refiero a Hiparquia, antecedente de la mujer científica de nuestros días. Un hermano suyo había estudiado con el célebre Teofrasto, el discípulo de Aristóteles. Ella, a más de saber de los estudios de su hermano, se había entusiasmado con las lecciones de filosofía de Crates, de la secta de los cínicos. Se incorporó a la escuela ambulante de este filósofo, vistió el mantón rústico y sucio que ellos se jactaban de usar para expresar su desprecio del lujo y tanta fue la devoción y el entusiasmo con el que se entregó a la filosofía, que los cínicos, cuando murió, instituyeron en su recuerdo una fiesta que se celebraba anualmente en Atenas, en la Stoa Poikíle (el Pórtico Decorado), con el nombre de Kynogámia o día de la incorporación de la mujer al mundo de la filosofía cínica. Esto es una prueba elocuente de que era un hecho no difundido en la Antigüedad Clásica, en la que no era concebible el ingreso de las mujeres a las escuelas de ciencia.

Pues bien, Hiparquia, que con gran escándalo de la ciudad ateniense asistía a los banquetes de los filósofos y discutía con ellos de igual a igual, en una ocasión, según cuenta Diógenes Laercio, un filósofo molestado por su presencia y seguramente para herirla le dijo luego de haberla escuchado: "¿Eres tú la que dejaste la tela y la lanzadera?".

Hiparquia le contestó: "Si, yo soy. ¿Te parece por ventura, que no he hecho poco por mí al entregar a las ciencias el tiempo que tendría que haber entregado a la tela?".

Han pasado siglos, la pregunta se la sigue haciendo y la respuesta sigue siendo válida.

*[Primera edición de Ética del poder y moralidad de la protesta. La moral latinoamericana de la emergencia, autorizada por Arturo Andrés Roig para el Proyecto Ensayo Hispánico. El libro está fechado en Mendoza (Argentina) en 1998. Edición preparada por José Luis Gómez-Martínez]

© José Luis Gómez-Martínez
Nota: Esta versión electrónica se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines, deberá obtener los permisos que en cada caso correspondan.

http://www.ensayistas.org/filosofos/argentina/roig/etica/etica16.htm




Hiparquia, filósofa cínica

También quedó cautivada por sus doctrinas [las de el filósofo cínico Crates] la hermana de Metrocles, Hiparquia (hacia el 300 a. C.). Los dos eran de Maronea. Efectivamente, se enamoro de Crates, tanto por sus palabras como por su conducta, al tiempo que no le prestaba ninguna atención a los que la cortejaban, ni a su riqueza, ni a su nobleza, ni a su hermosura. Para ella sólo existía Crates. E incluso llegó a amenazar a sus padres con el suicidio, si no la entregaban a él. Crates entonces fue llamado por los padres para disuadir a la joven y hacía todo lo posible para ello. Al final, como no la convencía, se puso en pie y se desnudo de toda su ropa ante ella, y dijo: “Éste es el novio, ésta es su hacienda, delibera ante ésta situación. Porque no vas a ser mi compañera si no te haces con los mismo hábitos.”

La joven hizo la elección y, tomando el mismo hábito que él, marchaba en compañía de su esposo y se unía a él en público y asistía a los banquetes. Fue precisamente en un banquete en casa de Lisímaco donde rebatió a Teodoro el apodado el Ateo, dirigiéndole el sofisma siguiente: Lo que no sería considerado un delito si lo hiciera Teodoro, tampoco será considerado delito si lo hace Hiparquia. Teodoro no comete delito si se golpea a sí mismo, luego tampoco lo comete Hiparquia si golpea a Teodoro. El no replicó a esta frase, pero le arrancó el vestido. Pero Hiparquia ni se alarmó ni quedó azorada como una mujer cualquiera. Sino que, cuando le dijo: “¿Ésta es la que abandonó la lanzadera en el telar?”, respondió: “Yo soy, Teodoro. ¿Es que te parece que he tomado una decisión equivocada sobre mi misma, al dedicar el tiempo que iba a gastar en el telar en mi educación?”. Esta y otras mil anécdotas se cuentan de la filósofa.

Hiparquia y Crates, Roma, Museo delle Terme, Fresco de la Farnesina.

Libro:
Carlos Garcia Gual: La secta del perro (Vida de los filósofos cínicos de Diógenes Laercio).


Diógenes Laercio - Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres HIPARQUIA - Libro Sexto

BIOGRAFÍA DE HIPARQUIA

1. También Hiparquia, hermana de Metrocles, se dejó llevar de los discursos de Crates: ambos eran naturales de Maronea. Agradábale tanto la vida y conversación de Crates, que ninguna ventaja de sus pretendientes, las riquezas, la nobleza ni la hermosura la pudieron apartar de su propósito, pues Crates era todas estas cosas para ella. Aun amenazaba a sus padres que se quitaría la vida si no la casaban con él. Finalmente, como sus padres rogasen a Crates que la removiese de su resolución, hizo éste cuanto pudo, mas nada consiguió. Sacó, por último, todos sus muebles a su presencia, y le dijo: «Mira, éste es el esposo, y éstos sus bienes; consulta contigo misma, pues no podrás ser mi compañera sin abrazar mi instituto.» Eligiólo ella al punto, y tomando su vestido, andaba con Crates, usando públicamente del matrimonio, y concurriendo ambos a las cenas.

2. Hallóse, pues, en un convite que dio Lisímaco, en que también estaba Teodoro, el apellidado Ateo, al cual propuso el argumento siguiente: «Lo que pudo hacer Teodoro sin reprensión de injusto, lo puede hacer Hiparquia sin reprensión de injusta; hiriéndose Teodoro a sí mismo no obró injustamente; luego tampoco Hiparquia obra injustamente hiriendo a Teodoro.» A esto nada opuso Teodoro, contentándose con tirarla de la ropa; pero ella no se asustó ni turbó como mujer, sino que como Teodoro la dijese:

¿Eres la que dejaste
la tela y lanzadera?

respondió: «Yo soy, Teodoro: ¿te parece, por ventura, que he mirado poco por mí en dar a las ciencias el tiempo que había de gastar en la tela?»(434). Estas y otras muchas cosas se refieren de esta filósofa (435).

3. De Crates corre un libro de Cartas, en las cuales filosofa excelentemente, y el estilo se acerca mucho al de Platón. Escribió también Tragedias por un estilo elevadísimo y filosófico, por ejemplo, estos versos:

No es mi patria una torre o una casa;
si que todos los pueblos de la tierra
me sirven de mansión y de triclinio.

Murió muy viejo y fue enterrado en Beocia.

__________

(434) Parece alude esto a la respuesta que da a Cadmo su hija Agrave en la tragedia de Eurípides titulada Las Bacantes.
(435) Soy del sentir de Kühnio acerca de que estas dos vidas de Metrocles e Hiparquia son parte de la de Crates, como el mismo contexto manifiesta. Menagio, para separarlas, hace varias correcciones en el texto absolutamente arbitrarias. En la vida de Zenón Estoico también se incluyen la de Aristón, la de Herilo y la de Dionisio.



Hiparquía (aprox 328 a.n.e). Filósofa griega nacida en Tracia que se enamoró del cínico Crates de Tebas y amenazó con suicidarse si no se casaba con él. Crates trató de disuadirla mostrándole sus defectos físicos pero Hiparquía le amaba a pesar de la joroba, por lo cual terminaron casándose. Escribió una obra titulada Cuestiones de Teodoro el Ateo.

http://symploke.trujaman.org/index.php?title=Hiparqu%EDa

jueves 27 de diciembre de 2007

Hiparquía (Maronea, Tracia, ca. 346 adCca. 300 adC) fue una de las primeras mujeres filósofas. Se casó con Crates de Tebas y compartió con él la peculiar forma de vida de la escuela cínica. Teodoro el Ateo, que se reía de ella, le preguntó por qué no se dedicaba a las tareas propias de su sexo. Hiparquía, consciente de lo que podía haber de revolucionario en su actitud, le respondió: "¿Crees que he hecho mal en consagrar al estudio el tiempo que, por mi sexo, debería haber perdido como tejedora?".

Aparte de las ''Vidas de Crates y de Hiparquía", de Diógenes Laercio, es muy recomendable leer la aproximación literaria de Marcel Schwob a la figura de Crates, en sus "Vidas imaginarias".

http://es.wikipedia.org/wiki/Hiparqu%C3%ADa